Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Seattle blues (1)

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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La muerte –presunto– suicidio la semana pasada de Chris Cornell nos dio la oportunidad de revisar uno de los más importantes episodios culturales de mi generación: el grunge, y el alternativo en general. Reconozco que es muy delicado hablar de un fenómeno cultural tan situado como este para hablar de toda una generación. Pero no podemos negar que fue un fenómeno artístico que tocó una cuerda muy sensible en los noventa, ya no solo en Seattle, ya no solo en los Estados Unidos, sino en el mundo entero.

A veces me gusta pensar en las generaciones en términos de órganos corporales. Así por ejemplo, los baby boomers fueron el corazón, con sus legados pluralistas y reivindicaciones folksociales. Otro ejemplo sería el de los millennial, que asocio a un cerebro. En efecto, es una generación que procesa y genera formidables cantidades de data.

La mía fue más bien la generación-hígado: rabiosa, cínica y visceral.

Al parecer, todas esas promesas civiles de los baby boomers, ya mutados a yuppies y Gekkos en los ochenta, nunca se hicieron realidad. Real fue la paliza que le metieron a Rodney King un 3 de marzo de 1991. Era el spleen (¿o debiera decir liver?) posrepublicano en pleno. Los genexers fueron los hijos disfemistas de los divorciados y de una divorciada cultura de tetas falsarias, a la vez regentada por el puritanismo de la corrección política. Ni siquiera podían y podíamos tocarnos entre nosotros, porque el SIDA nos tenía cooptado el sexo.

De todo ello derivó una dosis respetable de cinismo, y eso se ve en obras hallmark de la época, desde Generation X (1991), de Coupland, hasta la archipopular teleserie Seinfeld. También derivó hacia un profundo y ratil sentimiento de in/adecuación, de inutilidad, de implosión.

Lo interesante es que de toda esa implosión brotó una gran explosión de libertad creativa. Era una libertad con sabor a decadencia, sí, pero no la decadencia superficial de finales de los ochenta, sino había ahí una introspección y un inconformismo frescos. De la escena grunge brotaron muchas rapsodias oscuras para adolescentes densos, cuya alma era una morgue.

Era una inocencia oscura y una subcultura perdularia que, al principio, antes del label alternativo, fue cosa muy genuina, derivada de cosas muy honorables y muy underground (referencias personales para mí fueron Fugazi o Sonic Youth). Yo recuerdo haber leído una entrevista de Jani Lane, en la cual él mismo recordaba el día que él y su banda llegaron a su label, donde tradicionalmente había una foto de Warrant, y ahora había una de Alice in Chains. Caput mortuum.

Me pregunto si alguien recuerda la autenticidad que trajo el grunge al principio, en un momento cuando todo era inauténtico y superficial. Hay que ver la música cochina, señorita, verdulera y fenicia que ponían en la radio antes del malaise del grunge. Era un flan muy desagradable, si me lo preguntan.

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