Miércoles 13 DE Noviembre DE 2019
La Columna

“Los desencontrados”

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 23-05-17
Por: Méndez Vides

Mario Monteforte Toledo vivió varias décadas en México, luego de la escritura de sus tres novelas básicas: Entre la piedra y la cruz (1948), Donde acaban los caminos (1953) y Una manera de morir (1955), y veinte años más tarde, en 1976, escribió y publicó una novela no ambientada en nuestro país, sino en el adoptivo. En Los desencontrados se plantea la imposibilidad de las relaciones sentimentales entre personas de diferente origen, que fue su tema recurrente. La relación imposible se sucede entre un mestizo mexicano educado para dominar a la esposa, con licencia para acudir a los prostíbulos en plan de negocios, y una mujer blanca de los Estados Unidos, independiente y puritana. El trasunto es el mismo, el planteamiento de las diferencias en otro escenario, donde fluye el espíritu pasivo de la vida desencantada en medio de la rutina familiar, en los años de los hippies, Vietnam y las drogas. En lugar de soñar, el discurso de la novela sabe a depresión, y la estructura de la obra es enredada, contagiado por la experimentación de la época.

La novela fue bienvenida por José Revueltas, el escritor mexicano amigo y motivo de inspiración de su ambiciosa Una manera de morir, a quien fue dedicada la misma. Revueltas fue víctima del poder del Partido, que lo castigó por desalinearse hasta que se rindió y fue aceptado en su seno. Mario Monteforte Toledo fue víctima de una situación parecida, aunque haya sido la autocensura su mayor enemigo. Los dos mantuvieron la amistad, se identificaron y apoyaron. La novela salió en los días de cambio, y significó el silencio de Monteforte hasta cuando volvió a repuntar con Unas vísperas muy largas (1996).

Los desencontrados no tuvo mayor cantidad de comentarios, casi pasó inadvertida. Publicada en México por la editorial Joaquín Mortiz, y en Guatemala por Piedra Santa. Pero se lee de un tirón, no hay que ponerle atención al tema, ni a las aparentes incongruencias, sino disfrutar la prosa amena de nuestro escritor. Allí está contenido su pensamiento, su aversión a los excesos sentimentales, la rabia hacia los niños que dejan mocos por todas partes, y expresada su alma confusa, la de un “cartero nuevo que siempre parece ir a donde no va”. Ahora, con el paso de los años y las nuevas condicionantes sociales, se descubre la novela con una nueva actitud.