Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Play

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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Estoy haciendo lo más irresponsable, escribir poesía.

Lo estoy haciendo además en el momento menos apropiado, en el que menos puedo permitírmelo. Y sin embargo, preciso hacerlo. Verán: he estado amurado en estos días en una torre de ansiedad. Y escribir poesía es para mí una forma de deshacer eso. O sea una manera de hacer algo (ya que hacer nada de hecho crea y produce más ansiedad). Pero de hacer algo imaginativo, espacioso y libre. Como cuando a los locos los ponen a pintar acuarelas. Qué mierdas de dibujos los que hacen, pero los mantiene como quietos, a los pisados.

 En mi caso, no es cosa de acudir a pastillas y ansiolíticos rosados: me gustan demasiado. Así que recurro a otras formas de reducirme la pálida, como la meditación –con sus párpados de ataraxia– o la escritura, como ya bien dije. Bueno, cierto tipo de escritura, porque luego hay otros tipos de escribir que en cambio patrocinan aún más presión y depresión, y me van dejando con el sistema nervioso hecho pedazos y ya listo para el rebonito.

Son muchos, muchos, quienes viven fetalizados y ciegos en el desván bermejo y sucio de la ansiedad, entre ráfagas de terror, leyendo un libro puro de incertidumbre. Lo torpe es que responden a la presión presionándose más y cuando se relajan lo hacen desde un sentido fijo de obligación. Su play es exigencia, lo cual nunca funciona. ¿No dijo el chino que la rigidez es amiga de la muerte?

La otra vez me puse a ver, nuevamente, el documental sobre Ramírez Amaya llamado El Pájaro Sobreviviente. Y ahí el maestro dice en su momento: “Lo único que he hecho toda la vida es jugar y seguir jugando”. De los niños será el reino de los cielos. Follow your bliss, recomendaba Joseph Campbell.

Tampoco estoy invitando a tirar todos los compromisos por la ventana. Está muy bien aquella rola noventera que decía: porque yo no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar, etcétera. Pero si va a tocar la guitarra, por el amor de Dios tóquela con alguna compostura. Quieren ser artistas, mas a la hora de mojarse ya no muy que les parece y así tampoco se puede. Ramírez Amaya juega, pero juega seriamente, juega hasta las últimas consecuencias, por eso es que le admiramos. La poesía demanda responsabilidad y estructura. Incluso en su modalidad más play, requiere dirección y compromiso.

Con un espíritu de relajación, pero alerta, uno se va curando las desesperanzas. Y quizá lo mismo aplique a toda la comarca. Los psicorrígidos quieren salvar el país con su cara perpetua de ano, pero la sola manera de salvar este país será jugando, poniéndonos laterales y creativos. Es el estilo aéreo de los cerbataneros. Como escribí en un texto alguna vez: “No son el tipo de superhéroe fornido, sacrificial o ideológico. Hay que percibirlos más bien compactos, ingeniosos, ágiles, medio cabrones y difíciles de timar, porque ellos mismos son los últimos timadores, los últimos tricksters”.

Son chingones, esos gemelos.

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