Martes 25 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Luis de Lión a orillas del volcán de Agua

Lado b

— Luis Aceituno
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“Cuando Pascual regresó al pueblo traía, además de los años que lo habían llevado de niño a hombre, una cara como si ya fuera de otra parte”. Pascual es el personaje central de El tiempo principia en Xibalbá, la novela de Luis de Lión, y el pueblo a donde regresa es San Juan del Obispo, una comunidad indígena en las faldas del volcán de Agua donde, siglos antes a ese regreso que página a página se vuelve legendario, el obispo Marroquín construyó un templo y un palacio desde donde podía apreciar la magnitud de sus dominios. El templo resguarda a la única mujer blanca de la localidad, la Virgen de la Concepción, y no muy lejos de ahí, varios niños, entre los cuales talvez se encontraba Pascual, descubrieron la puerta del cielo. Esta revelación también nos la contó Luis de Lión, en uno de los relatos más bellos de la literatura nacional.

San Juan del Obispo es un pueblo mítico, azotado por los vientos, los temblores y las correntadas que bajan, durante los temporales, del volcán de Agua. Pueblo donde nacen ese puñado de historias maravillosas que concibió Luis de Lión. Pueblo donde nació, creció, vivió, respiró, uno de los más grandes escritores del siglo XX guatemalteco. Pueblo en donde Luis conoció el amor, la ternura, la rabia y la desolación que atraviesan sus relatos. Pueblo donde los barriletes blancos se pierden en el tizne de la noche. Pueblo que se comerán, cual gusanos, la urbe y los proyectos habitacionales. Pueblo que desaparecerá, dice Pascual, y del que solo quedarán la fuerza y el fuego que Luis supo impregnarle en sus escritos.

Por muchos años caminé la geografía de los relatos de Luis. Respiré el aire y el polvo enrarecidos. Me tropecé en todas las piedras. Presencié amaneceres y atardeceres que se quedaron impregnados en mis ojos para siempre. No conocí la puerta del cielo, pero mis amigos y yo, de niños, jugábamos muy cerca e intuíamos el misterio. Descubrí el relato en una antología curada por el escritor nicaragüense Sergio Ramírez y lo demás fue el asombro. Una noche de exilio, Luis Eduardo Rivera, que había conocido el original, me contó El tiempo principia en Xibalbá y la novela me atormentó desde entonces. Pude leerla en aquella primera edición, para los amigos, que preparó Fernando González Davison a finales de los ochenta. La revelación fue absoluta. Dos o tres años antes, Luis había desaparecido y muerto, como sabemos hoy, víctima de la tortura en alguna cárcel clandestina del Ejército.

Hace 33 años, Luis de Lión fue detenido por miembros de la inteligencia militar. Su crimen, ser maestro de escuela y militante del partido comunista. Sus verdugos, sus asesinos, ni siquiera intuyeron lo que ese hombre, indefenso ante la crueldad y la maldad, en verdad les podía revelar. El lugar exacto en donde se encuentra la puerta del cielo y los misterios del origen que se esconden en Xibalbá.

Más que del Macondo de García Márquez o de la Santa María de Onetti, el San Juan del Obispo de Luis de Lión tiene la consistencia de la Comala de Rulfo, el lugar donde Pedro Páramo llegó a buscar a su padre.

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