Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Entre Don Miguel de Cervantes y el Real Madrid

— Luis Aceituno
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se celebró el Día Internacional del Libro, un festejo que este año se vio opacado, al menos en Guatemala, por el partido entre el Barcelona y el Real Madrid. En fin, en medio del júbilo y la gritería provocados por el enfrentamiento futbolístico, no era el mejor día para hablarle a la gente de Don Miguel de Cervantes ni de William Shakespeare, en cuyo honor la UNESCO proclamó en 1996 esta conmemoración. No sé qué tenga que ver una cosa con la otra, pero el fútbol y la literatura mantienen entre sí una vieja rivalidad. Imaginada o real, que sé yo. Entre un país de lectores y un país de fanáticos deportivos, parece que no hay conciliación posible, a pesar de que Eduardo Galeano, Osvaldo Soriano o Mario Benedetti hayan intentado explicarnos lo contrario.

Es posible que la pelea se deba a la vieja contradicción entre la actividad intelectual y la actividad física, aunque en el mundo en que nos movemos más bien creo que se debe a una lucha encarnizada por conquistar espacios en los medios masivos de comunicación. Un combate entre la industria del entretenimiento cultural y la industria del entretenimiento deportivo, en donde el ejercicio físico y el ejercicio intelectual propiamente dichos, en pro, digamos, de la salud del cuerpo, salen sobrando. Nadie opone, por ejemplo, la gimnasia, la natación, el ping pong o el voleibol a la lectura. Marcel Proust jugaba tenis y, que yo sepa, nunca lo acusaron de traición a la causa. Hay jugadores de fútbol que son también escritores, sicoanalistas, historiadores… Y también conozco escritores o cineastas que han jugado fútbol en las grandes ligas. Para hablar de Guatemala, el doctor Henry Berrisford Stokes era un futbolista de primera y una eminencia de la neurología, para lo cual debe de haber tenido que leer libros muy por encima de nuestro común conocimiento. A muchos, quizá, les sorprenderá saber que fue Miguel Ángel Asturias el que concibió la primera cadena radial deportiva centroamericana, y así como había ideado un forma de narrar las noticias, también ideó una forma de narrar los deportes. Esto lo supe leyendo sus cartas a Blanca Mora y Araujo publicadas en ocasión del V Centenario. Pero el problema no es el fútbol ni la literatura, sino ambas disciplinas convertidas en industria y entretenimiento. Algo así como qué consumidor es más inteligente.

La verdad es que si me ponen a escoger entre ver un partido de fútbol y leer un libro, pues depende de quiénes juegan y de quién escribió o de qué trata el libro. Esto sin importar que sea 23 de abril o 17 de agosto. Aunque, la verdad también, nunca he asistido a un estadio para ver un partido de la Selección nacional o de los rojos o lo cremas, pero si me he leído la poesía completa de Luis Cardoza y Aragón. Al menos, mi sentimiento patriótico se encuentra a salvo. En lo personal sí creo, y lo defiendo, que Cervantes merece más y mejor atención que Lionel Messi. Aunque, en la época actual también comprendo que los placeres que encierra la lectura del Quijote no se los merece cualquiera. Estos hay que ganárselos. No necesariamente mediante el estudio de la filología, sino con una disposición absoluta de explicarnos el mundo en qué nacimos y qué diablos hacemos en él. Para todo lo demás, pues ahí está el fútbol convertido en espectáculo y las telenovelas. Y es muy válido.

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