Lunes 10 DE Diciembre DE 2018
La Columna

¿Quién ha pensado por vosotros?

follarismos

— Raúl de la Horra
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Un pequeño video que circula por las redes narra cómo un profesor de filosofía de Salamanca empieza cada año el curso preguntando a los alumnos cuál es el gobierno más malo del mundo. Casi todos responden al unísono: Venezuela y Cuba. Después pregunta por el nombre de los presidentes de esos países y todos gritan: Raúl Castro y Maduro. A continuación indaga: ¿Y habéis estado alguna vez en esos países? La mayoría afirma que no. Luego pregunta si alguno de los presentes sabe el nombre del presidente de Portugal, país vecino. Nadie lo sabe. ¿Quiénes han estado en Portugal? Todos han estado ya alguna vez en Portugal. Entonces el profesor formula dos preguntas claves: ¿Cómo es posible que sin haber estado en aquellos países tan lejanos, conozcáis a sus gobiernos y, además, los odiéis? Y la segunda pregunta: ¿Quién ha pensado por vosotros?

Me gusta esta anécdota porque pone de relieve el tema de cómo es que uno conoce el mundo y la vida. ¿Llega uno a conocer la realidad porque te la cuentan, te la imaginas, o porque la has experimentado en persona? Buena parte de nuestras representaciones –y, por ende, nuestras ideas y emociones– están mediatizadas por los filtros que la familia y el medio social nos transmiten o heredan. Hasta las experiencias directas que hacemos del mundo son tamizadas o configuradas por los patrones mentales que hemos aprendido del entorno, patrones de pensamiento que son, entre otras cosas, rastros de memoria en el tejido cerebral que funcionan como unidades de pensamiento completas que nos permiten, al enfrentarnos a situaciones iguales o parecidas que están registradas en nuestra memoria, reaccionar de manera automática y estereotipada. Y los hay que se ajustan o funcionan relativamente bien ante la realidad, pero los hay que se alejan por completo de la realidad y nos conducen a diferentes grados de locura.

Los medios de comunicación son quizás, entre las diversas fuentes de formación y desinformación que existen, una de las más importantes matrices de patrones mentales –y quien dice patrones mentales dice no solo instrumental cognitivo, sino esquemas simples o prejuicios con los que vamos por el mundo dándole martillazos al prójimo. Sobre todo en lo que concierne a las complejidades sociales y políticas, los medios de comunicación suelen transmitir la visión que conviene a los detentadores del poder económico y político propietario de esos medios, situación que se nota con más claridad cuando hay conflictos internacionales de envergadura, como es el caso actualmente con el problema de Siria, pero igualmente como lo fue en Iraq o Libia, y anteriormente en la ex-Yugoeslavia, y prácticamente no ha habido conflicto político en la segunda mitad del siglo veinte en el que los intereses estadounidenses no hayan tergiversado los hechos y manipulado la opinión internacional a través de los medios de prensa a favor de sus conveniencias geopolíticas.

De modo que no está mal, al final de estas disquisiciones, preguntarse: ¿Quién piensa por vosotros? ¿Y quién piensa por nosotros? ¿Quién piensa, en suma? Parecerá una tontería, pero la respuesta no es tan simple como se supone. Sobre todo cuando se vive en una sociedad en la que el analfabetismo real y funcional, así como la idiotización, alcanzan cifras de pandemia, en una cultura en la que el pensamiento crítico y racional está prácticamente ausente, y en un país en el que casi todos los centros de poder económico y político, estatales y privados, bañan en la porquería, en la corrupción y en la impunidad. Así que yo me pregunto y pregunto: Toc…toc…toc…¿hay alguien allí?

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