Miércoles 19 Abril 2017
La Columna

La policía de la indignación

lucha libre

— Lucía Escobar

Quizás uno de los rasgos más desagradables que evidencian las redes sociales, es esa actitud en la que todos caemos a veces: la prepotencia de creernos superiores moralmente a los demás y con derecho a criticar y juzgar con demasiada facilidad al vecino.

Me ha pasado. Hace poco empecé a notar que en muchas tiendas oficinas de La Antigua Guatemala tenían en las banquetas de sus locales, trastos con comida para los perros callejeros. No pude evitarlo, mi policía de la indignación ajena brincó. “Con tanto niño desnutrido en Guatemala y estos hipócritas preocupándose por los chuchos” pensé. Algún comentario así hice en el Twitter y una buena amiga, me hizo entender que cada quien es libre de ayudar y aportar en las causas que considere pertinentes. Comprendí que si tanto me indignaba la situación de los desnutridos de mi país, yo misma debía hacer algo para remediarlo. Pensar que quienes ayudan a los animales no apoyan también a las personas, es pura especulación. Intenté abrir los ojos y logré ver mucha solidaridad y empatía. Últimamente, una empresa de filtros de agua pura promueve una campaña para que los restaurantes regalen el líquido vital. También he visto que en las noches, a menudo hay personas solidarias que regalan café y algo de cenar a los indigentes que duermen en los portales y en la calle.

El otro día un amigo insinuó que solo los vegetarianos tenían derecho a reclamar por la contaminación en los ríos que ha provocado la muerte repentina de miles de peces.

Están los que saltan cuando se reclama por justicia para Cristina Siekavizza. Se indignan porque su asesinato fue más mediático que el de Sandy López.  Como si tener apellido extranjero o una posición social acomodada no la hicieran digna de merecer justicia.

Existen los que piensan que la indignación es como el amor romántico entre parejas y que debe ser monógama. Entonces si se indigna por tal cosa, no puede indignarse por tal otra. Lo que provoca preguntas cómo esta: ¿Dónde están los indignados por Siria? y conclusiones precipitadas que hasta afirman que si las víctimas no son francesas o rubias a nadie le importa.

Hasta dicen: ¿Dónde estaban los indignados por las niñas quemadas cuando matan a los monitores y guardianes?

Y hasta pasa cuando se conmemora el Día de la no violencia contra la mujer y siempre surge aquel que cuestiona el por qué no existe el día de la no violencia contra el hombre.

Muchas de nuestras respuestas son automáticas, a veces ni las pensamos. Las redes sociales facilitan que respondamos al instante sin reflexionar. Pero nada nos cuesta hacer el esfuerzo de pensar un poquito antes de meternos en el papel de juzgadores o policías de las calenturas ajenas. Cuando de defectos se trata, ver más hacia adentro y menos hacia afuera, siempre es un buen consejo.