Martes 18 Abril 2017
La Columna

Tirant lo Blanc

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides

La novela catalana de Joanot Martorell, corregida y aumentada tras su muerte por Martí Joan de Galba, apareció en Valencia en 1490, cuando ya se gestaba la aventura española de la expulsión de los moros de la Península, y cuando Cristóbal Colón andaba buscando apoyo para cruzar el Océano Atlántico en busca de una ruta comercial libre de batallas hacia las Indias. El descubrimiento de América, de acuerdo con el punto de vista europeo, significó un choque cultural del cual aún no nos reponemos.

Martorell nació alrededor del 1413 y murió en 1468, dejando la obra inédita, como la figuración de una traducción del inglés, pasando por el portugués. Para Martorell crear significaba traducir. Pasaron 22 años antes de que se conocieran los 487 capítulos de la poderosa novela que se tradujo al Castellano en 1511 e influyó determinantemente a Cervantes. Martorell no pudo completar la novela, dejando escritas apenas tres cuartas partes, así que Joan de Galba añadió lo suyo e hizo la corrección y revisión final antes de entregar el manuscrito al impresor.

La lectura de este monumento literario demuestra lo pasajera que es la vida, y la tragedia del autor que muere sin enterarse de que escribió la gran novela moderna, y la inmovilidad del mismo problema de siempre, porque la Guerra Santa continúa ardiendo en Siria. Al principio de la novela, la isla de Inglaterra es invadida por los moros, quienes van ganado batallas hasta cuando interviene el conde Guillermo de Varoic, quien había fingido su muerte en las Cruzadas pero regresó a vivir como ermitaño en las colinas alrededor del castillo de su esposa e hijo. El rey está perdiendo la guerra y se siente débil, por lo que clama al cielo y se pone en manos de la Virgen María, quien en sueños le indica que para salvar su reino se aferre al primer mendigo con el cual se encuentre a la mañana siguiente. El conde ha vivido de limosnero en su tierra al estilo de Ulises al regresar a Ítaca, sin ser reconocido por los años, la barba y la ropa de mendigo. El ermitaño planea un ataque sorpresivo con granadas de cal, y luego enfrenta en desafío al rey moro, a quien vence como en una rapsodia de Homero, pero quedando herido, maltrecho y enfermo. La tensión entre moros y cristianos marcó el inicio del Tirant lo Blanc, y 525 años más tarde continúa siendo la preocupación que impide dormir tranquilo al mundo.