Jueves 19 DE Octubre DE 2017
La Columna

La traición de Rita Hayworth

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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La primera novela de Manuel Puig (1932-1990), La traición de Rita Hayworth, se convirtió en éxito de ventas en 1968 en toda Latinoamérica y en los idiomas a los que tradujo, el francés y el inglés de inmediato, en los días de la novela experimental. La novela había terminado de finalista del Premio Seix-Barral, cuando ganó Juan Marsé con Últimas tardes con Teresa, la novela catalana que logró librar en esos días a los lectores españoles del sometimiento a la novela latinoamericana. Las dos novelas en la final eran merecedoras del premio, y se dice que Mario Vargas Llosa era parte del jurado y se opuso a que se premiara a la novela del argentino, porque en efecto la obra se alejaba de su visión particular de novela. Puig exploró otra estética sublimando el melodrama rosa de Corín Tellado y las telenovelas, y rompiendo así con la dependencia del narrador.

La primera novela de Puig se compone de diálogos que rompen el punto de vista, porque van de una visión a otra sin que exista una voz dirigiendo, diciendo “dijo” o “hizo”. El lector presencia la acción, como en una sala de cine. Todo ello se funda en su pasión por las películas, porque de niño acudía a una sala oscura de cine junto a su madre ilusionada, a vivir esa otra realidad, en los días de la Segunda Guerra Mundial, donde fue impresionado por el glamour de las estrellas: Ginger Rogers, Fred Astaire, Shirley Temple, Spencer Tracy, Norma Shearer y por supuesto, Rita Hayworth. En su primera novela cuenta la decepción sufrida como en el principio de la realidad según Freud, cuando ve en la pantalla a la glamorosa estrella traicionar a Tyrone Power, en Sangre y arena, la adaptación al cine de la novela de Vicente Blasco Ibáñez. Power representa a Juan Gallardo, el torero que engaña a la buena Linda Darnell atraído por la seducción de doña Sol, quien al final lo abandona, reducido a salir por última vez a la arena sevillana para que un toro le clave los cuernos y lo arrastre.

La novela es un murmullo narrando la memoria de su propia infancia. El autor alejado de los demás, convierte en magia las voces que delatan su angustia. En aquellos días fue una novela experimental y después de medio siglo sigue sintiéndose fresca, con personalidad. Puig fue una especie de anti-Borges, despojado del intelectualismo, popular y folletinesco, dedicado a explorar las emociones y avivar la fuerza de los sentidos.