Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

La vida de Carmen Pettersen

SOBREMESA

— María Elena Schlesinger
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Carmen L. Pettersen nació en Guatemala en 1900. Como acuarelista dejó constancia del paisaje impresionante de la bocacosta guatemalteca, y fue autora del libro Maya of the Guatemala. Life and Dress / Vida y Traje, publicado originalmente en edición bilingüe en 1976, como aporte al fondo del Museo Ixchel. Su nacimiento en Guatemala y su posterior permanencia se debió a cuestiones del azar, ya que su padre, A. H. Gehrke, de nacionalidad inglesa, fue destinado a trabajar temporalmente en nuestro país.

Su primera infancia la vivió en la ciudad capital, en el barrio campestre y de más prestancia de entonces, en el nuevo bulevar que conducía al Hipódromo del Norte y al Templo de Minerva, el cual se comenzó a construir en 1901, hoy Avenida Simeón Cañas.

Carmen vivió en Guatemala hasta la edad de cuatro años. Es predecible que su primer contacto con la naturaleza fue el paisaje local: los parajes verdes de la ciudad, los solares del antiguo poblado de Jocotenango en donde había una frondosísima ceiba, la Calle Real de los Naranjalitos, hoy sexta avenida norte, el Cerrito del Carmen o por el viscoso Bulevar 30 de Junio, hoy Paseo de la Reforma.

Carmen regresó a Londres para iniciar su educación formal. A los nueve años comenzó a pintar, demostró su talento y se desarrolló como acuarelista, arte que practicó a lo largo de toda su vida. Casi al final de la Primera Guerra Mundial, ingresó a la Polytechnic Art School de Regent Street en donde estudió formalmente dibujo y acuarela por espacio de tres años, y, más tarde, en 1923 retornó a Guatemala, país en donde residió el resto de su vida.

Puedo imaginar su regreso a Guatemala, con el equipaje de baúles y maletas de cuero, llevando dentro sus utensilios de pintura: tubos de acuarela de colores, variedad de pinceles de puntas de pelo natural muy finas y suficientes legajos de papel acuarela para comenzar de inmediato a pintar el paisaje de árboles centenarios, enredaderas de flores, templos, personas y alamedas afines a su primera infancia chapina. Pero la ciudad de Guatemala había cambiado. Un terremoto se encargó de tirar al suelo no solo los campanarios de las iglesias, paredes de adobe y las casas de techo de teja, sino a un presidente, al Señor Presidente don Manuel Estrada Cabrera, quien para entonces agonizaba en bartolina, encerrado en una céntrica casa de la Décima calle Poniente de la misma ciudad. Guatemala estaba aún en los suelos y como siempre, políticamente convulsa, por lo que sus padres decidieron instalarse con la familia en la provincia, fuera de la capital.

Carmen fue formada bajo el espíritu inglés de la época: disciplinada, ordenada, con ansias de conocimiento y ánimo de investigar. Paciente para el trabajo, emprendedora y entrenada como buena inglesa para sobrevivir en casi cualquier colonia del reino. Con el ojo y la sensibilidad educados para apreciar, copiar y respetar el entorno natural. Traía la cualidad de sorprenderse ante lo diferente y exótico. Era de temperamento optimista, enérgico, empática, sensible y arrecha, cualidades que la ayudaron a establecerse en un ambiente rural de finca de principios del siglo XX,  en las faldas del volcán de Fuego, en la bocacosta guatemalteca, en donde formó su hogar y familia con su esposo Lief Lind Pettersen, de origen noruego.

Continuará.

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