Miércoles 26 DE Junio DE 2019
La Columna

Nenes collones

EL BOBO DE LA CAJA

Fecha de publicación: 24-02-17
Por: Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com

He conversado con tres amigos de derecha en las semanas recientes y pude palpar (en su retórica, en lo alucinado de sus premisas, en la cerrazón de las posiciones esgrimidas, en la exaltación de los gestos; en aquel maridaje perverso, mezcla de desprecio y miedo, observable en la intensidad y en el fraseo de sus palabras) una vuelta atrás a los tiempos de la guerra fría.

El petate del muerto se llama ahora pluralismo jurídico, y se percibe a todas luces como una amenaza gravísima a los interesas de la siempre indolente y desubicada ‘patria del criollo’.

Una amenaza gravísima cuyas repercusiones, todas ellas imaginadas (y quién sabe si también imaginarias), precipitan los llamados al atrincheramiento paranoide, los discursos incendiarios, las divisiones irreconciliables, el dedo acusador señalando al bando contrario. Otra vez, maldita sea, afloran boyantes, reverdecidos, sin pudor alguno el atávico racismo, los tambores de la guerra y la sed de exterminio.

¿Cuál es el culío?, les pregunto. Decepciona escucharlos balbucear imprecisiones. Me late que en el fondo no saben a qué le temen exactamente… y entonces eligen pensar lo peor, como el nene collón que se mea de susto al ver proyectado en la pared el espectro de su propia sombra.

“¡Me opongo!, ¡me opongo!”, patalean, como si la coexistencia de dos sistemas de justicia fuera a ocasionar una especie de implosión por antimateria capaz de hacer que desaparezca el universo conocido. “No son dos sistemas, ¡son más!, porque cada comunidad la aplica a su manera”, claman febriles, ya al borde del colapso. “Demasiada discrecionalidad porque no hay nada escrito”, agregan: “Así no es posible asegurar el debido proceso”.

Desconozco los detalles y no soy muy versado en materia legal, de modo que opté por no opinar demasiado al respecto. Les dije nada más que oponerse a la aplicación de la justicia indígena es tan absurdo como discrepar con que mañana salga el sol: un sol que viene saliendo día a día desde mucho antes de que el hombre blanco inventara la luz eléctrica.

No es que me agrade la idea de recibir una chicoteada como desagravio por cometer un delito menor pero, si pudiera elegir, preferiría cien veces eso con tal de no terminar varado dentro del sistema carcelario nacional por motivos de prisión dizque “preventiva”, mientras una clica de dieciochos me receta cada noche ya no una chicoteada, sino una chiquiteada en fila. Paso, gracias.

Lo que capté tras medir impresiones con estos tres amigos en crisis fóbica es que, al no saber a ciencia cierta a qué temerle, el peor de sus miedos (el más profundo, el decisivo, el pecado original, llamémosle así) revive con inusitada fuerza dejando ver la mala conciencia que les purga por adentro.

Saben que la presuntamente legítima titularidad de sus tierras no hubiera sido posible sin el recurso violento del vasallaje, la coerción y el despojo. “Al rato y nos arrebatan las fincas, esgrimiendo un derecho ancestral sobre territorios que pertenecieron a sus abuelos”, le escuché decir a uno.

¡Ajá!, ahí está el mero cuco, ve! –me dije.

Conmovedor.