Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Zury no tiene pena por la muerte

lucha libre

— Lucía Escobar
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Zury Ríos, hija del genocida Efraín Ríos Montt, en un intento por revivir de nuevo su carrera política, ha vuelto a salir a la luz pública exigiendo que en Guatemala se reactive la pena de muerte y se amplíe su aplicación a todos aquellos que cometan genocidio, digo sicariato. Su alegato coincide con una serie de medidas que nos recuerdan los años más oscuros de la guerra. Hemos visto los últimos meses cómo se ha vuelto a militarizar el país con la salida del ejército patrullando las calles.

No cabe duda que el miedo vende, es un negocio en constante crecimiento. El miedo es la gota que rebalsa el vaso de nuestra tranquilidad diaria de cada día. El miedo es un excelente operador político. Cada cierto tiempo, los políticos de turno, tiran bombas de miedo a la población. Es fácil incentivar el miedo y provocar el odio en la sociedad. Solo hace falta un par de asesinatos estratégicos, una explosión por allá, una mínima manipulación de la información ahí. Picar el hormiguero. Y luego presentar la solución. Armas, carros, alarmas, seguros, alambre espigado, GPS, chalecos, cámaras, y soldados privados se compran y se venden. Una ley que castigue y no perdone. Pena de muerte a los sicarios. Soluciones, “remedios” que acaban con los síntomas pero no atacan a la enfermedad. Un sicario en realidad es un empleado, es el peón más bajo del estrato social. Generalmente un sicario no es más que un soldado pagado por alguien más para hacer el trabajo que el rico no se atreve a hacer. De poco sirve matar al sicario, si atrás hay cientos, miles, muchos jóvenes sin trabajo, sin educación, sin mayores posibilidades más que aceptar un “trabajo” mal pagado. Me horroriza la facilidad con que algunas personas justifican y defienden la limpieza social. Carlos Vielmann y Erwin Sperisen, hoy están siendo juzgados en otros países por creerse paladines de la justicia. Si recurrimos siempre a matar al asesino, un día, todos nos convertiremos en asesinos. Se banaliza la pena de muerte y se promueven los prejuicios que criminalizan a la juventud.

Según un comunicado de la Alianza Evangélica de Guatemala, 7 millones de guatemaltecos son cristianos evangélicos, mientras otros tantos millones son católicos. Voy a pecar de ingenua, pero me gustaría apelar a esos corazones cristianos. ¿Es Dios capaz de perdonar? ¿Qué opinaría Jesús sobre la limpieza social? ¿Se imaginan a un ser evolucionado espiritualmente recurriendo a la violencia y a la sangre para resolver un conflicto? ¿Quién es realmente más perverso: el que paga al asesino o el que recibe dinero para matar? ¿Por qué parece que perdonamos con tanta facilidad a los autores intelectuales de los crímenes?

Por otro lado, en un país con una justicia tan frágil, dejar vidas en manos de servidores públicos corruptos, es abrir la puerta a más injusticias y violencia injustificada.

La paz no se construye asesinando, la vida no se protege matando al prójimo ni fusilando.

Ya Zury debería haber aprendido la lección.

laotralucha@gmail.com

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