Sábado 20 DE Abril DE 2019
La Columna

Los sentidos en la narrativa de Miguel Ángel Asturias

— Méndez Vides

La narrativa poética de Miguel Ángel Asturias tiene la cualidad de despertar los sentidos del lector. La obra se siente. El lenguaje se traduce en experiencia física, porque cada página está plagada de claves que excitan los sentidos: visión, olfato, gusto, tacto, audición, sensibilidad laberíntica, sensación de calor o frío, dolor, la sensibilidad visceral y demás posibilidades. En el Pórtico que antecede a los nueve cuentos de El espejo de Lida Sal, el mismo Asturias revela su dedicación consciente en la construcción de su narrativa. Su escritura es visual, casi cinematográfica, porque expresa con gran detalle la vida en la ciudad y municipios urbanos del interior del país, así como el explosivo “universo verde” del espacio rural, donde verde es la vegetación y la superficie de los lagos, como la ilusión de los volcanes próximos que a lo lejos se van azulando. Hay luz y colores en la fruta y en las plumas de pájaros, se siente la presencia del Sol y el asombro ante el cielo que se refleja en el espejo del agua. Asturias dibuja el paisaje del altiplano con sus pequeños poblados de parque y catedral, ocultos en valles entre cerros y cordilleras, por donde vuelan libres las aves y los reptiles se deslizan entre las matas. El territorio nacional aparece surcado por caminos “que se forman de tanto pasar y pasar en el mismo punto”, senderos que despiden perfume de orquídeas y de todo lo vivo que se mueve. En las ciudades capta el aroma de la comida en el mercado, y despierta el apetito cuando describe a los protagonistas atragantándose golosos: “devoraban tortillas, rasgaban la carne de una pierna de pollo con los dientes filudos, tomaban agua a grandes tragos para que les pasara de la garganta la masa de una sabrosa yuca colorada”. El sabor dulce de la miel se despliega como leitmotiv.

La narrativa de Miguel Ángel Asturias permite palpar todo lo que se describe, casi sentir con los dedos la superficie de la fruta o el cuerpo de las mujeres. El cuento final del libro, Leyenda de Matachines, es un vivo concierto de voces acompañando la danza, una relación sangrienta del baile de los machetes, donde aturden las chispas del hierro contra hierro. El obsesivo tañido de las campanas nunca falta.

La narrativa de Miguel Ángel Asturias es poética, sonora, visual, sensible, y al leer sus cuentos nos inunda de sensaciones y deseo, como si tomando sedientos agua de coco se nos desparramara y empapara la camisa.

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