Jueves 21 DE Marzo DE 2019
La Columna

Industrias que florecen gracias al crimen

EL BOBO DE LA CAJA

— Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com
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Hace dos semanas comentaba en este mismo espacio las similitudes entre Guatemala y Ciudad Juárez, punto neurálgico fronterizo reconocido internacionalmente como la capital mundial del asesinato, el crimen, el feminicidio, la inseguridad y el trasiego de coca. Un 97% de impunidad nos coloca al mismo nivel como campeones a la hora de ignorar nuestros problemas…

… O, al menos, eso era lo que yo pensaba: un amable lector tuvo a bien corregirme la plana asegurando que ya Juárez no es lo que fue en términos de violencia. Busco en la red y constato que, en efecto, durante el año 2013 el número de homicidios de mujeres se redujo en un 45.4%.

Sería interesante ver qué es lo que están haciendo bien allá en el norte de Chihuahua. No poseo mayores detalles al respecto, lo que sí se es que Juárez dista mucho aún de salir del agujero de ingobernabilidad que la tiene ocupando el último lugar dentro de las 20 ciudades más pobladas de México.

A diez años desde que F. Calderón decidió involucrar directamente al ejército en el combate al crimen organizado, el desenlace no ha sido la recuperación de las extensas zonas del país abandonadas por el Estado sino la expansión de la violencia. Nunca hubo esfuerzos serios en agendas clave como investigar el lavado de dinero. Fue fácil meter a los chafas en jurisdicciones que por ley le competen a la policía. Lo difícil ha sido sacarlos de ahí.

“Los niveles de violencia que hace una década nos hubieran escandalizado, hoy son parte del paisaje cotidiano”, escribe el colega F. Báez. Y no es para menos, teniendo en cuenta la gigantesca maquinaria económica, lícita tanto como ilícita, que gira en torno a la industria del crimen. Meses atrás vi el documental Narcocultura (S. Schwarz, 2013) y saqué en claro cómo el trasiego de estupefacientes, principalmente cocaína, le generaba para entonces unos 40 mil millones de dólares a los cárteles del narcotráfico.

Por su parte el Estado mexicano, en regla con su política de combatir el fuego con fuego, optó por desarrollar asimismo una serie de dependencias de gobierno que ha crecido con los años: hoy en día se cuentan por miles los expertos en balística, en genética, en criminalística, en medicina forense. Gente cuyos ingresos y carrera profesional depende del crimen. Familias enteras (esposas, hijos, empleadas domésticas, jardineros) que necesitan que siga habiendo asesinatos para asegurar su estabilidad económica.

Todo eso sin mencionar los oficios relacionados: el periodismo de nota roja, los blogs de denuncia, las páginas web desde las que se pronuncian los capos, la producción de narcocorridos, el cine y los videoclips temáticos, los rezadores de la Santa Muerte, cementerios donde ya no caben los muertos, fabricantes de lápidas y tumbas…

Como dato curioso cabe mencionar que del otro lado del Río Bravo está ubicado El Paso, una de las ciudades más seguras de los EE.UU.

Premio para quien le atine en explicar el porqué de tan llamativo contraste…

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