Jueves 21 DE Febrero DE 2019
La Columna

Mas turbia que Blanca

lucha libre

— Lucía Escobar
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Seguramente la magistrada de la Corte Suprema de Justicia, Blanca Aída Stalling Dávila maneja mucha información comprometedora puesto que aún continúa en su trabajo, pese a las evidencias que demuestran que no es ético ni mucho menos sano para el Organismo Judicial su permanencia en el órgano de administración de justicia más importante del país.

De Stalling, se sabe que en sus diez años al frente del Instituto de la Defensa Pública Penal, otorgó a diestra y siniestra, plazas reales y fantasmas para diputados y familiares. Así fue ganando amigos que le deben favores y que ella no duda en cobrárselos. Ahora, justamente,  son los diputados los que deciden si darán carta abierta para que se le retire el derecho a antejuicio y pueda ser juzgada por el delito de tráfico de influencias.

La magistrada fue acusada por el juez Carlos Ruano de haberlo presionado para que otorgara libertad provisional a  Otto Molina Stalling (hijo de la susodicha), ligado a un proceso de investigación por su posible vinculación a un contrato que el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) hizo con la Droguería Pisa. Esta incómoda situación, pone en riesgo la independencia judicial, y obligó al juez Ruano a salir del país por sentirse amenazado en sus labores diarias.

No deberíamos olvidar que cuando Stalling Dávila quedó como magistrada, se dijo que había obtenido el puesto porque Sinibaldi (hoy prófugo) y Baldizón la pusieron ahí en contubernio con la crema y nata de la mafia en Guatemala. La doña, también ha sido vinculada a otros personajes turbios como Gustavo Herrera y Juan de Dios Rodríguez. La línea, el bufet de la impunidad, y el caso IGSS-Pisa son algunos de los clavos que tienen salpicadísima y angustiada a la magistrada Stalling.

Ante esta turbia historia que estamos viendo y viviendo en el corazón de la judicatura, no queda más que esperar que la señora Blanca Stalling se dé cuenta del terrible daño que le está causando a  la frágil credibilidad que aún tienen los funcionarios judiciales. Si ella tuviera un poquito de conciencia, y un poco de respeto al trabajo de sus colegas, debería de presentar la renuncia inmediatamente. Si tiene la conciencia tranquila que deje que la investigación lleve su curso. No tiene nada que ver aquí el amor de madre con la corrupción, el tráfico de influencias y los otros delitos que se le imputan. No puede tampoco, bajo ese argumento, utilizar el poder del Estado para su beneficio y el de su prole. No puede seguir desgastando nuestra frágil democracia. Es lógico que mientras ella siga ostentando uno de los puestos más influyentes del poder judicial, todos sus subalternos se sentirán presionados para quedar bien con ella y no podrán jamás sentirse libres de ejercer la independencia judicial.

¡Por el bien del O.J. debemos exigir a las autoridades la renuncia inmediata de Blanca Stalling!

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