Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
La Columna

El Cristo Negro de Esquipulas

SOBREMESA

— María Elena Schlesinger
Más noticias que te pueden interesar

La historia del Cristo de Esquipulas se remonta al momento cuando el escultor Quirio Cataño aceptó el encargo de realizar la escultura solicitada por monseñor Cristóbal de Morales en agosto de 1594: “para que esculpiera un crucifijo de una vara y media de alto, muy bien acabado y perfeccionado, para ser adorado por los indios chortíes de Esquipulas”.

No se sabe si por tradición manierista o coincidencia, el Cristo de Cataño resultó ser de color oscuro, casi negro, característica que resultó muy del agrado de los fieles indígenas, quienes inmediatamente se sintieron identificados con aquel Cristo crucificado, muy semejante a ellos por el dolor representado y por el color oscuro de la piel.

La imagen del Cristo Negro llegó a Esquipulas en 1695, y muchos estudiosos creen que la imagen remplazó a otra, vinculada con una antiquísima deidad prehispánica considerada entonces pagana.

Inicialmente, el crucifijo se veneró en una ermita, y en 1759, el Cristo de Esquipulas pasó a ocupar el altar mayor de una iglesia barroca construida a petición de Pedro Pardo de Figueroa, primer arzobispo de Guatemala, como tributo personal al Cristo Negro por haberle salvado la vida milagrosamente después de una terrible enfermedad.

Con el paso del tiempo, Esquipulas se convirtió en paso obligado de cientos de comerciantes y viajeros quienes a lomo de mula viajaban desde Chiapas vendiendo insumos, telas, menjurjes y peroles, quienes no dejaban de venerar  al Cristo Negro. Ya en el siglo XVII, la imagen de Cataño era muy venerada por milagrosa y su santuario era destino de grandes peregrinaciones y romerías, de quienes además de sombrero y bordón, llevaron entre sus baúles y tanates, replicas del Cristo milagroso del Cristo Negro, como el que veneran hoy día en Champotón, Campeche, Nuevo México y tantos más.

Uno de los sucesos históricos más singular, relacionado con el Cristo Negro de Esquipulas, se verificó  a mediados del siglo pasado, cuando los jerarcas de la Iglesia católica decidieron en 1953, luchar abiertamente contra el gobierno  de Jacobo Arbenz, considerado por algunos sectores guatemaltecos como procomunista y ateo.

Monseñor Rossell y Arellano,  figura emblemática y controversial de nuestra historia patria, queridísimo por unos y odiado por otros, conocía perfectamente a los guatemaltecos de entonces, en su mayoría católicos, y de su gran devoción al Cristo Negro, por lo cual organizó una gran peregrinación nacional, muy al estilo de las cruzadas católicas franquistas, invocando el favor del Cristo Negro para que Guatemala no sucumbiera bajo el yugo comunista. Rossell y Arellano colocó una copia del Cristo Negro de Esquipulas, realizada por el artista Julio Urruela, en un camioncito y la llevó en peregrinación y rogativa por todo el país.

Muchos viejos liberacionistas recuerdan aún el primer milagro del Cristo Negro, cuando en la ciudad de Escuintla súbitamente cayó muerto el gobernador de esta ciudad, un enérgico comunista y ateo, quien se oponía con todas sus fuerzas a que la rogativa del Señor de Esquipulas pusiera un pie en la calurosa Escuintla.

Muchos recuerdan aún la llegada del Cristo Negro a la ciudad capital, cuando en el Parque Central la romería compuesta por cientos de miles de personas invocaban, con rezos y ruegos, la ayuda de Dios para que la pequeña Guatemala no se convirtiera en atea y desalmada, como lo era ya, la poderosa Rusia o China, la roja.

Etiquetas: