Lunes 9 Enero 2017
La Columna

De la vida cotidina de antes

SOBREMESA

— María Elena Schlesinger

Una lectura minuciosa de los diarios de la época nos permiten hacer un cuadro de lo que fue la vida cotidiana hace poco más de un siglo en la ciudad de Guatemala.

Lo que se refiere a las diversiones y al entretenimiento, la vida monótona de nuestros antepasados comenzó a trasformarse cuando se inició el desarrollo urbanístico de la ciudad, con la creación del nuevo boulevard que conduciría al gran parque de la Reforma ubicado al sur de la ciudad: varias caballerías de área verde y boscosa planificada, al estilo de las lo grandes ciudades, como futuro pulmón de la ciudad, proyecto que nunca llegó a su realización.

El Paseo 30 de junio, hoy Avenida de la Reforma, y la Avenida del Hipódromo eran los sitios preferidos por los paseantes de la época, quienes no solo disfrutaban de las caminatas y del ambiente campestres en estas alamedas de sabor parisino, sino se convirtieron en un nuevo punto de encuentro citadino, diferente a la iglesia, el mercado o la plaza.

En estos lugares, en principio exclusivos, se saludaba al amigo o se hacía de nuevos conocidos y también, de manera muy sutil, se hacía gala de la posición, rango social de las personas a través de los atuendos y pertenencias: el vestido recién traído de ultramar, el bastón con cacha de marfil o plata, el nuevo carruaje landeaux en donde salían a pasear las señoritas o el carro de gasolina, último grito de la moda, de reciente ingreso en el país.

Al final del Paseo de la Reforma los paseantes podían entrar al el Museo de la Reforma, un bello edificio de piedra y mármol estilo Renacimiento italiano, con dos escalinatas al frente, el cual albergaba, entre otras, una colección de objetos relacionados con las ciencias naturales, tan de moda en todo el mundo gracias al l influjo científico victoriano de la época. Este palacio se desplomó debido a la fuerza telúrica de los terremotos de 1917 y en su lugar se construyó en los años cuarenta, el pequeño monumento a los Próceres.

Al parque de La Reforma se podía llegar en carruaje o en trencito decauville movido por carbón, y en épocas del presidente Reina Barrios, se vistió de mejores galas con estatuas, fuentes, flores y kioscos. Estatuas de animales de carácter romántico cuyo objetivo no era simplemente exponer en bronce al animal, sino representan sus diferentes fortalezas o virtudes: la fuerza, la ferocidad y la pasión, entre otras.

Los antiguos moradores de la ciudad tenían como pasatiempo el ir de cacería, principalmente a la caza de aves y animales silvestres, como los patos, tacuacines y las palomas, habitantes de los parajes deshabitados del sur de la ciudad, hoy zona 14. O en las lagunetas y aguadas de Tívoli, hermoso parajes verde y boscoso muy ceca de la ciudad.

Habían baños públicos de aguas nacidas en donde los parroquianos disfrutaban las tardes de domingo, siendo los más importantes los de Ciudad Vieja y los de la finca el Sauce. Hace un siglo llegó a Guatemala el fútbol, deporte de origen inglés que rápidamente causó sensación entre los jóvenes varones de la ciudad, y aunque al principio fue de carácter elitista, rápidamente el juego se popularizó en improvisadas gramillas, las que entonces abundaban en la ciudad.