jueves 5 enero 2017
La Columna

Rogue One

AT-Field

— Juan D. Oquendo

La historia va algo así: Galen Erso es un científico especialista en cristales –no, no es Heisenberg– es buscado por el Imperio para que los ayude a construir un arma capaz de destruir planetas. Antes de su captura, su hija Jyn se esconde y es rescatada por el rebelde Saw Gerrera. Quince años después, Galen envía un mensaje a Gerrera y los rebeldes aprovechan la oportunidad para localizar a Jyn y usarla para obtener información de Galen.

Situada entre Revenge of the Sith y A New Hope, el director Gareth Edwards no hace un gran trabajo con el desarrollo de la trama, pero al menos sus personajes, que abundan, son buenos. Primero está Felicity Jones, que como me diría mi esposa: me gustó mucho más que Daisy Ridley en The Force Awakens. Y coincido con ella porque Jones tiene un papel lleno de matices. A diferencia de todos los protagonistas que van de un extremo a otro en el espectro de la Fuerza, Jyn está entre ambos mundos. Por un lado desconfía de los rebeldes y por el otro odia al Imperio, todo con una leve capa de cinismo que al final pierde. Es perfecta porque no tenemos que esperar tres cintas para ver la evolución del personaje, sino es todo de un solo golpe.

Luego está Galen Erso que interpreta Mads Mikkelsen, quien pasa de ser el científico atormentado por su creación y de posturas políticas ambiguas al siempre esperanzado padre que algún día podría enmendar sus errores. Y finalmente el villano Orson Krennic, a cargo de Ben Mendelsohn, que persigue a Jyn por la galaxia para mantener su puesto y demostrarle a Vader que es capaz de volar en pedazos un planeta.

No soy tan fan de Star Wars pero me encanta, y no puedo negar que siempre me emociono al ver las películas. Quizá lo más importante de Rogue One, la segunda entrega de Star Wars en manos de Disney, es que abre una serie de posibilidades para hacer spin-offs del mismo universo.

A diferencia de sus antecesoras, que fueron pensadas en sagas, la última cinta sobre la Fuerza se sostiene por sí sola, de manera torpe, pero se sostiene. Perfecta para los fans de toda la vida por las dos escenas finales, pero ideal para nuevos guiones y nuevas aventuras que no sean tan machaconas.