Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Reflexiones en el Día de Guadalupe

Lado b

— Luis Aceituno
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Es de agradecer que Jimmy Morales no tuvo la idea de “vestirse de indito” para la celebración del Día de la Virgen de Guadalupe. A decir verdad, no hubiera sido una actitud excéntrica de su parte, sino algo bastante coherente con su forma de gobierno, que se ha caracterizado, desde un primer momento, por revivir tradiciones y costumbres cuestionables, que denotan su pobre concepción del país que le tocó administrar (para gobernar, supongo que se necesita algo más que jurar a la bandera a la menor provocación). Pero, bueno, de “indito” ya tuvo tiempo para disfrazarse cuando trabajaba de cómico todos los domingos en un programa televisivo de horario estelar. Ahí, para construir su personaje, hizo gala de los estereotipos más burdos y detestables sobre la población indígena que se puedan tener. El indio, para él, es ese sujeto pintoresco, de dientes malformados y dudosa higiene personal, que al hablar destruye la castilla y que intenta vender su cosecha de frutas y legumbres en las aceras de la ciudad. A veces los vemos por las calles exigiendo salud, educación, igualdad, desarrollo, justicia, verdad, es decir todo aquello que Jimmy, a pesar de las investiduras, jamás les podrá dar, aunque ofrezca. Él prefiere comprarles manzanas, lo demás es algo demasiado complejo como para intentar procesarlo, no da para chistes y, más bien, lo pondría en serios conflictos con sus patrocinadores, anunciantes o financistas.

Pero Jimmy no solo se viste de “indito”, también le ha dado por disfrazarse de “Presidente de la República” y ofrece sus servicios para banquetes, recepciones, sesiones parlamentarias, visitas en el Palacio. Si traen o mandan picop o caballo también sale al campo para inaugurar carreteras, puentes o chorros y ya si ofrecen hospedaje, comida y doctorado puede desplazarse hasta Israel y otros países lejanos. Ha tenido problemas con el disfraz, sobre todo con los calcetines, y con eso que ahora hay que andar informando cuánto cuestan y quién paga los tacuches. Por lo demás, ahí regular tanteado, ha vociferado, ha declamado, ha orado, ha llorado, ha hecho muecas y papelones, ha marchado, ha dramatizado, ha cantado, ha comido en el mercado, ha organizado juergas privadas con los diputados. A veces se duerme en las sesiones, es cierto, pero eso se debe quizás a tener una dieta de puros panes con frijoles, como cuenta su vocero.

Ser presidente será, sin lugar a dudas, el papel más importante de su carrera, el consagratorio, el digno del Emmy o del Oscar. No le sale tan mal, piensa él, sobre todo después de cooptar el Congreso y colocar a sus cuates, como todo mandatario que se respeta. La ha jodido, es verdad, este 2016 le ha costado estar a la altura de su personaje. Talvez no le vendría mal inscribirse en un taller del método de Stanislavski para compenetrarse en su rol hasta las entrañas, para tener don de mando, para poder dar un grito y que todo el mundo baje la cabeza, para que los guatemaltecos le tengan respeto y entiendan que él puede representar un papel serio –como Marlon Brando en Julius Caesar–, para que dejen de verlo como un cómico chatarra que hace chistes racistas sobre los indios y los negros. Lo otro sería, quizá, leer la prensa y enterarse de cómo va el país y el mundo, hacia dónde caminan, estudiar teoría del Estado, Ciencias Políticas, Historia de Guatemala… Pero eso…

laceituno@elperiodico.com.gt

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