Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Como la gran diabla

lucha libre

— Lucía Escobar
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Todos los años los vecinos del barrio La Concepción en La Antigua Guatemala realizan su tradicional quema del diablo. Entre todos, hacen una gran figura que representa “el mal” y la exhiben durante varias semanas antes de prenderle fuego cada 7 de diciembre.

Por primera vez, desde la historia de esta tradición, el diablo es diabla. También por primera vez en la historia de la ciudad colonial, la alcaldía es dirigida por una mujer. Casual o no, alcaldesa y diabla son rubias. Dicen las malas lenguas, que dichas similitudes ofendieron tanto a la cabeza municipal que mandaron al MP a confiscar a la diabla argumentando violencia contra la mujer, denigración e incitación al feminicidio.

Los vecinos del barrio La Concepción y una organización de jóvenes antigüeños comenzaron a protestar por lo que consideraron abuso de poder, censura a las tradiciones y costumbres, y una mala jugada política. Aparecieron por la ciudad colonial “bebés diablos” con hambre, pidiendo a su mami, y carteles con demandas de atención a los problemas de la ciudad, como la falta de acceso al agua potable en varias aldeas, la violación a las normas arquitectónicas que protegen el patrimonio, el problema de la basura, la delincuencia y las malas condiciones de las calles, entre otros. A la señora alcaldesa le sacaron los trapitos sucios al sol.

Algunos días después, la diabla apareció en un predio algo magullada. Se les solicitó a los vecinos taparle los pechos a la figura, antes de volverla a exhibir. Incluso hubo quienes se atrevieron a manifestar que, entonces, la censura a los pechos desnudos debería extenderse también a las sirenas de la fuente del Parque Central.

Y entonces viene lo realmente ofensivo. Estos mismos vecinos, con la idea de hacerse los chistositos volvieron a presentar a la diabla en público y le escribieron un cartel pidiendo que el Inacif le haga los exámenes correspondientes para determinar si la diabla fue manoseada, ultrajada o violada. Ja, ja, ja. Burlarse o hacer chiste a la violencia sexual es minimizar el dolor de las víctimas de estos crímenes. La Antigua Guatemala es uno de los lugares del país en donde suceden más violaciones, prostitución, turismo sexual y trata de menores de edad. Sucede frente a los ojos de todos, en el mismísimo parque. Abundan los casos de extranjeras violadas en taxis o after parties, chicas que mejor se van de Guatemala sin denunciar legalmente a nadie pero profundamente golpeadas.

Mientras la gente pasa leyendo y riéndose de la diabla y el cartel, pienso en Sandra Johana, la niña de apenas ocho años que hace algunos días fue atacada, violada y asesinada en Zacapa. No es la única. Solo durante el día de hoy, al menos 23 mujeres serán violadas. De ellas, la mitad apenas son niñas. Algunas morirán por los daños, otras contraerán enfermedades incurables, y muchas también serán forzadas a asumir una maternidad injusta. Los subregistros son enormes, las consecuencias para las víctimas son para toda la vida.

A mí esto no me da risa, al contrario, me pone como la gran diabla.

laluchalibre@gmail.com

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