Jueves 22 DE Noviembre DE 2018
La Columna

A Dios rogando

EL BOBO DE LA CAJA

— Andrés Zepeda lacajaboba@gmail.com
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Una de las más graves taras de la sociedad guatemalteca (causa de su atraso y explicación de su más tenaz raigambre conservadora) consiste en esa religiosidad chata, prohibitiva y bipolar que viene inoculándose en nuestra psique desde la Colonia.

Digo chata porque de entrada viene cargada de fundamentalismo, se posiciona ante el ancho abanico de las ideas y creencias en términos excluyentes (mi verdad contra tu mentira) y se enfrenta al mundo levantando una coraza defensiva, replegada en sí; bucle estéril sin más alcance que girar sobre su propio eje.

Prohibitiva porque tiembla ante la sola posibilidad de entrar en contacto con los chiflones del cambio. Percibe amenazas hasta en la sopa. Rechaza las propuestas antes de escucharlas siquiera. A todo le dice que no. Se persigna alucinando con tentaciones y pecados al acecho. Su casa está llena de trancas y llaves y ventanas con gruesas cortinas por donde apenas pasa la luz. Cualquier asomo de duda es reprimido, ya que es ahí por donde muerde el Diablo camuflado de serpiente.

Y bipolar porque se dedica de oficio a fiscalizar la moral ajena mientras elude atender sus propios abusos y omisiones. Se llena la boca hablando del Amor Divino, de la Infinita Misericordia, de la Gloria Celestial y de la Salvación Eterna pero a la hora de actuar lo hace desde el odio, la intransigencia, el llamado de las tripas y la imposición de dogmas para retener privilegios y perpetuar ventajas de poder.

“A Dios rogando y con el mazo dando”, podríamos decir que es su lema de vida: un principio rector observable incluso entre hombres de poca fe que –como yo– renegamos de liturgias, golpes de pecho y demás protocolos mitómanos.

Nótese por ejemplo cómo en cualquier ámbito, no sólo en el religioso, la idiosincrasia nos sume en una dicotomía estrecha (blanco o negro, todo o nada) de la que a priori hemos de comprometernos taxativamente con una –y sólo con una– de las opciones en pugna, de espaldas al sano y necesario ejercicio de explorar matices y sopesar evidencias.

Sí/no hubo genocidio. Viva/púdrete Fidel. Sí/no a la pena de muerte. Sí/no a la planificación familiar. Sí/no al reconocimiento del arcoíris GLBTIQ. Sí/no a la minería. Sí/no a la reforma fiscal …

¿Cómo sumar fuerzas, cómo lograr acuerdos, cómo tejer alianzas, cómo celebrar la pluralidad en un escenario donde la consigna es derrotar al adversario, indoctrinarlo, barrer con la diferencia? ¿Cómo construir un país a partir de semejantes premisas?

He ahí el resultado de rendirle obediencia a los Señores, el del más allá (al acatar los mandamientos de equis o ye religión) y los del más acá (al ceder a los embrujos del falso ‘sentido común’), negándonos el derecho a pensar por nosotros mismos.

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