Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Concurso Ricardo Miró (2)

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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La participación como jurado de novela en el concurso nacional de Literatura Ricardo Miró, me permitió leer 35 novelas de autores contemporáneos, activos, ilusionados, que enviaron sus obras para el escrutinio. Tres categorías destacaron de inmediato: la ficción, la novela histórica y el conjunto de obras ingenuas, nostálgicas de escritores amateur que piensan que su experiencia personal es extraordinaria, y cuentan eventos comunes como estruendosos. Eliminando la tercera categoría, muy fácil de separar y suprimir sin necesidad de leer entera la obra, nos quedamos ante dos brechas relevantes. Hay autores que quieren hacer literatura y otros que han encontrado la vena en el relato de la memoria, en la búsqueda de raíces e identidad.

La novela ganadora se titula La puerta de arriba, obra que destacó por su estructura ordenada y narración impecable, porque juega con el espacio tiempo y se inscribe libremente en el género fantástico con una aproximación a lo sobrenatural. La obra fue la única en la que coicidimos los tres jurados en nuestra preselección, así que la admitimos sin necesidad de discutirlo. Pero yo descubrí, además, una novela que me sorprendió, titulada Fisiología del corazón, escrita por un autor joven, dueño de una capacidad narrativa poco común, muy al estilo de la narrativa norteamericana, fluida y de acción permanente, que terminó siendo recomendada su mención, pero que tenía el principio más malo del mundo y un final lamentable, pero con un cuerpo rico, audaz y enérgico.

Durante el acto de premiación, se me aproximó un joven interesado en saber qué pensaba yo de su obra, y fue una buena coincidencia, porque lo felicité y pude darle mi opinión de lector sobre el futuro de su novela, que no me extrañaría, luego de revisarla y afinarla, pueda dar también una sorpresa en el futuro, aunque no haya ganado premio alguno.

Y en la categoría de novela histórica también me encandiló una obra que se titula Los contrarios, porque se salía del relato común en las otras novelas del mismo tipo, donde casi siempre aparece como enaltecido y legendarizado un líder indígena Victoriano Lorenzo, frente a su perseguidor, Pedro de Hoyos, quien dirigió su fusilamiento, porque se atrevió a romper con la tradición, presentando a los protagonistas como humanos, ambos buenos y malos, instrumentos de la historia oficial.

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