Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

El principio del fin

Ayer

— María Elena Schlesinger
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Desde el día de la dimisión del General Jorge Ubico como Presidente de la República, el 1 de julio de 1944, Guatemala comenzó a soñar con ideas frescas de cambio, democracia, igualdad de oportunidades y de libertad en el más amplio sentido de la palabra.

Rápidamente se organizaron nuevos partidos políticos y surgieron espontáneamente diversas candidaturas para disputarse de manera democrática la presidencia de la República. Entre los candidatos que salieron a la palestra estaban el doctor Guillermo Flores Avendaño, el doctor Juan José Arévalo, quien contó siempre con muchos simpatizantes, y el escritor, estudioso y diplomático Adrián Recinos. Asimismo, fueron postulados personajes muy conocidos dentro del medio nacional como lo eran, el periodista Clemente Marroquín Rojas y los industriales Manuel María Herrera y Ovidio Pivaral.

Ya en el poder, y gozando de la nueva sede de gobierno en el recién inaugurado Palacio Nacional, el General Ponce Vaides, designado a la presidencia por Ubico daba la impresión de sentirse cada vez más a gusto en el cargo; más acomodado en la silla presidencial y el partido liberal progresista que lo respaldaba, poco dispuesto a soltar las riendas de los destinos de la patria.

 Pero el pueblo no deseaba que Ponce se mantuviera en el poder y menos el partido oficial, y las presiones para que convocara a nuevas elecciones se dejaron sentir. Pero Ponce Vaides continuó ejerciendo el poder con los esquemas de su antecesor, y aunque nunca se postuló como candidato oficial, obstaculizó el proceso democrático, persiguiendo de manera constante, directa y represiva a los dirigentes políticos opositores al régimen. Fue entonces cuando los capitalinos se dieron cuenta que realmente la situación no había cambiado en absoluto, y lo que era peor, la inseguridad, el terror, la persecución y la posibilidad del continuismo, persistían como espantosa pesadilla. La gota rebalsó el vaso el 1 de octubre de 1944, cuando es asesinado el señor Alejandro Córdova, director del Diario El Imparcial, opositor al régimen.

Después del trágico suceso, diversos sectores de la población guatemalteca, especialmente jóvenes profesionales, civiles, estudiantes y militares, tomaron conciencia de la situación nacional, y decidieron emprender la lucha para derrocar al gobierno. Así se inició la gran gesta revolucionaria de octubre de 1944.

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