Lunes 22 DE Abril DE 2019
La Columna

The Big Short

AT-Field

— Juan D. Oquendo

Ambientada en la primera década del siglo XXI, The Big Short intenta relatar la crisis económica de 2008 con el mismo toque que Oliver Stone le dio a Wall Street: el lado sensual de la corrupción de los banqueros. Y a pesar de que tiene a actores como Ryan Gosling y Christian Bale a la cabeza, no logra levantar el suficiente interés sobre cómo colapsó el mercado de bienes raíces. Porque seamos sinceros, como diría el Jordan Belfort de DiCaprio, “¿a quién diablos le importa cómo? Lo importante es que nos estábamos haciendo ricos”.

El director Adam McKay explica cómo es que cuatro desadaptados logran predecir la explosión de la burbuja y a la vez apostar contra el sistema. Y para todos los tecnicismos se vale de personajes como Selena Gomez y Margot Robbie para que reciten de la manera más condescendiente posible. Incluso el chef Anthony Bourdain entra en escena para explicar que las hipotecas de alto riesgo se mezclaban con otras menos peligrosas para venderlas por paquetes, tanto como si Bourdain usara sobras de pescado para un caldo.

Bale, por su parte, hace un buen papel como Michael Burry, un introvertido genio de las finanzas que convence a su jefe de apostar contra el sistema luego de descubrir la burbuja. Gosling interpreta a Jared Vennett, quien convence a un grupo de inversionistas dirigidos por Steve Carell en aprovechar la oportunidad. Carell que la hace de un maniaco anticorrupción, y Brad Pitt como un corredor de bolsa retirado que ayuda a dos jóvenes a sumarse al barco.

El problema de la película es que sí, claro, explica todo con la voz de Ryan Gosling como narrador mientras va desvelando qué hechos fueron reales y cuáles no, con un inicio que promete algo tipo Ocenan’s Eleven con un gran robo. Pero luego la cinta comienza a tomar un rumbo de desaprobación a todo el sistema que sin embargo el director no logra aterrizar: sí, todos perdieron dinero, casas, otros ganaron, los menos, pero nadie importante…

The Big Short lo deja a uno con ganas de más, pero es solo un mal sabor de boca, un momento extraño que no dejó nada nuevo. Al igual que una de las escenas en las que unos corredores explican la estafa, no es que confiesen, sino que alardean de ello. Casi lo mismo para la película.

joquendo@elperiodico.com.gt

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