Sábado 25 DE Mayo DE 2019
La Columna

Miguel Ángel Asturias

Ayer

Fecha de publicación: 10-09-16

Esta breve reseña de la vida de nuestro premio Nóbel, Miguel Ángel Asturias, para conmemorar el 70 aniversario de la primera edición de su novela El Señor Presidente, editada en México por Costa-Amic, el 30 de agosto de 1946, obra medular e insigne de la Literatura nacional.

Miguel Ángel Asturias, Moyas, nació en la ciudad de Guatemala, el 19 de octubre de 1899 en el viejo barrio de Candelaria, uno de los más antiguos y activos de entonces, paso obligado de viajeros, comerciantes y arrieros que llegaban a la capital con sus enormes cargamentos de mercadería provenientes del norte y oriente del país. A los cinco años, el pequeño Asturias vivió de cerca la furia del tirano de turno, el presidente Manuel Estrada Cabrera. Su padre, juez de sala, cae en desgracia con el “Señor Presidente” y la familia se ve obligada a abandonar la ciudad para radicarse en una pequeña finca familiar en el poblado de Salamá. Con ojos de asombro, el pequeño Asturias descubre el ambiente exuberante y verde de las Verapaces y el mundo indígena rural. Su nana, una joven q’eqchi’ llamada Lola Reyes, lo entretenía contándole las historias, leyendas y mitos de su pueblo, vivencia que marcará la vida y la obra del autor.

A su regreso de la provincia, Asturias vuelve a su barrio y a sus costumbres cotidianas: a la vida diaria marcada por campanas, procesiones llenas de incienso, largos sermones de iglesia, a las devociones de Jesús de Candelaria, y la infinidad de rezadas en voz alta: El mundo misterioso y barroco se le reveló desde pequeño, convirtiendo, luego las sonoras jaculatorias recitadas en latín en las jitanjáforas de su poesía, por mencionar alguna influencia, además del mundo católico siempre presente en su novelística. El ir y venir de la casa de la abuela, en donde funcionaba un almacén familiar de granos y abastos, fue muy importante en la vida del joven Asturias. Aquel recinto era un lugar muy frecuentado por el niño. Cuando caía la tarde, Asturias se sentaba junto a los viajeros que habían pedido posada para pasar la noche en el zaguán y corredores de la casa, y escuchaba, con las orejas bien abiertas, los relatos y los cuentos de aquellos viajeros, historias de personajes fantásticos, santos y aparecidos, los que nunca olvidó. Su aprendizaje narrativo fue influenciado por estos contadores de historias quienes describían con pelos, colores, aromas y señales sus relatos para conseguir el asombro. Continuará.

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