Martes 20 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Desfile del 15

Ayer

— María Elena Schlesinger
Más noticias que te pueden interesar

Lo que más le gustaba a la gente de los desfiles del 15 de septiembre eran las carrozas que pasaban al final, como broche de oro del desfile. Estaban montadas en cabezales o camiones y generalmente decoradas con enramadas de bambú, cadenas de papel crepé y vejigas de colores, todo de un gusto muy primitivo, casi infantil, muy tercermundista, pero precioso al entender de la concurrencia de entonces. En la parte más alta de aquellos tinglado rodante iban siempre las reinas y madrinas de los colegios e institutos. Distinguidas señoritas que iban sentadas en especies de tronos y su única función era mostrar su belleza y saludar a la gente con su mano enguantada de blanco desde aquellos temblorosos escenarios móviles. Las reinas y las princesas vestían siempre muy elegantes, de satín con capa larga de terciopelo, y las “señoritas virtudes patrias” iban enrolladas en sábanas, imitando atuendos griegos, con bandas que las identificaban según su apelativo, “libertad” , “unión centroamericana” o “fraternidad”.

Entre las carrozas estaban la que imitaba un pueblo indígena con sus ranchos, mujeres tejiendo o amasando masa en piedras de moler. O donde iba con doña Dolores Bedoya de Molina, vestida de largo y con el pelo blanco a fuerza de talcos, animando al pueblo descamisado y descalzo que supuestamente imploraba la libertad patria, con una marimbita miniatura de juguete y varias matracas en lugar de cuetes.

En aquellas carrozas setenteras no faltaban los próceres en miniatura, haciendo como que firmaban la supuesta acta de la Independencia con una enorme pluma de zope negra sobre una cartulina gigante color celeste. Los padres de la patria llevaban siempre barba y bigote pintado con corcho quemado y el tacuche les quedaba siempre inmenso, como fantoches.

Cuando pasaban los no videntes con sus perros lazarillos y sus varitas, la gente se destornillaba en aplausos. “Y miren, qué lindos los cieguitos, a pesar que no miran nada, allí van marchando”, se oía decir a la gente sin menguar sus aplausos. Atrás de este pelotón los acompañaba un camión con el conjunto marimbístico de los no videntes: “Armonías en Tinieblas”. .

La motobomba roja de los bomberos con su sirena atronadora anunciaba que el desfile había terminado. Un perro pastor alemán en la parte alta era la guinda sobre el pastel de los desfiles patrios.

mes@itelgua.com

Etiquetas: