Domingo 24 DE Marzo DE 2019
La Columna

La paz en el espejo

lucha libre

— Lucía Escobar
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Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el Gobierno colombiano están poniendo fin a más de medio siglo de conflicto bélico. El proceso de paz comenzó en 2012, pero fue hasta la semana pasada cuando las partes firmaron el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, en la mítica ciudad de La Habana, Cuba.

Doscientos 50 mil muertos, 7 millones de colombianos desplazados, 45 mil desaparecidos y 30 mil secuestrados son algunas de las cifras que dejó la guerra más larga de Latinoamérica. También se contabilizaron masacres, violaciones masivas, minas y reclutamiento ilícito. Calculemos el número de familias destrozadas buscando a sus desaparecidos y llorando a sus muertos. Los colombianos deben confiar en la justicia transicional para evitar la venganza y procurar la reconciliación. Así mismo, encontrar la manera de resolver pacíficamente sus conflictos y enfrentar aquellos crímenes de lesa humanidad que no caben en ninguna amnistía. Hay que destacar que en Colombia, la Comisión de la Mujer logró incorporar los delitos sexuales como crímenes no perdonables.

En octubre de este año está programado realizar un plebiscito para que los colombianos manifiesten si aceptan los acuerdos que tocan temas indispensables para construir la paz verdadera como: reforma rural integral, participación política, cese al fuego y hostilidades, desarme, reincorporación de las FARC-EP a la vida civil, soluciones al problema de las drogas ilícitas y resarcimiento para las víctimas.

Si gana el sí, el gobierno implementará legalmente los puntos del Acuerdo, el presidente Santos podrá expedir decretos con carácter de ley y reformas constitucionales exprés. Se creará una Comisión de la Verdad para que las víctimas relaten sus experiencias, se determinen culpables, condenas y resarcimiento. Las consecuencias de que gané el “no” son inesperadas, aunque algunos aseguran que solo atrasaría un proceso de imposible de parar.

Son grandes las expectativas que genera una palabra tan pequeña como la paz. Confío en que los colombianos no cometerán los mismos errores que cometimos los guatemaltecos. Hace 20 años tuvimos la oportunidad de grandes cambios y transformaciones sociales, pero aquí ganó el miedo. Las elites nunca renunciaron a sus privilegios ganados a punta de latigazo o granadazo; polarizaron a la sociedad, sembraron el odio, nos pintaron un mundo en blanco y negro, sin matices, donde solo había dos bandos. Quisieron anular a las víctimas civiles y los claroscuros de las historias. Se han negado a decir dónde se encuentran los desaparecidos. No hubo un desarme real, no se cambiaron las armas por los libros. En esas condiciones, ha sido muy difícil sanar las heridas. En aquella ocasión la paz se nos escapó de las manos.

Deseo para mis hermanas y hermanos colombianos, que logren encontrarse en el perdón y la justicia.

 @liberalucha

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