Martes 18 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Trucos Mentales II

follarismos

— Raúl de la Horra
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La semana anterior evoqué algunos “trucos mentales” o estrategias que la mente pone en juego para adaptarse o sobrevivir en el juego de las relaciones personales, familiares y profesionales. Los mecanismos que expongo a continuación son en el fondo los mismos, pero divididos en cuatro categorías o filtros cognitivos a través de los cuales captamos la realidad y construimos “mapas de palabras” que permiten expresar nuestros pensamientos y emociones. Estos mecanismos están representados por las llamadas:

1) Supresiones,

2) Generalizaciones,

3) Distorsiones y

4) Construcciones, los cuales son absolutamente normales porque hay siempre una filtración o reducción progresiva entre lo que es “la realidad”, lo que “experimentamos” de ella a través de las sensaciones, lo que “interpretamos” y lo que “expresamos” de ella.

Se calcula que el cerebro llega a tratar 20 o 30 ideas diferentes por segundo (1,000 a 2,000 por minuto), pero la persona que habla no puede pronunciar sino entre 100 y 200 palabras por minuto, de modo que el desfase entre el pensamiento y la expresión puede representarse con la proporción de 10 a 1, con el agravante de que mientras el emisor habla, su cerebro sigue funcionando. Por otra parte, hay siempre un desfase entre la experiencia y la palabra, de la misma manera como hay un desfase entre mi experiencia vinculada a una palabra determinada, y la experiencia de usted vinculada a esa misma palabra. Centrar la atención en estos mecanismos nos ayudará a alcanzar una mayor precisión y claridad en lo que queremos decir.

Supresiones: Es un filtro o mecanismo que elimina los detalles y omite los índices de referencia, como cuando utilizamos verbos no específicos o vagos, sin base sensorial precisa: “Mi hermano me rechaza, me ignora o no me ama”. ¿A qué se refiere, qué entiende concretamente por rechazar, ignorar o amar, puesto que cada quien puede imaginarse algo diferente? Para unos, el rechazo puede ser tan solo una mirada, para otros consiste en determinadas palabras o hechos, etcétera. También, cuando hacemos afirmaciones generales como “me siento mal, estoy harto”, la pregunta es: ¿Mal con respecto a qué, mal cómo, o de qué manera (dolor, mareos, tristeza)? ¿Qué entiende concretamente por “estar harto”?

Generalizaciones: Con este filtro se focaliza uno en ciertos detalles y luego se extiende impropiamente la información de un elemento al conjunto del que forma parte, o sea, se hacen afirmaciones vagas y generales que son imprecisas o inútiles. “Así es la vida”, “Esa es la realidad”, “Nadie me comprende”, etcétera. A esta categoría pertenecen también las injustas generalizaciones que utilizan verbos de obligación o de imposibilidad como “tú debes o no debes… hacer, tú tienes, hay que…”, o frases absolutistas como “siempre, nunca, todo o nada”, y que deben ser proscritas.

Distorsiones: Se cambia la experiencia amplificando algunas partes o disminuyendo otras, mezclando elementos, confundiendo causa y efecto, convirtiendo en substantivos estáticos y abstractos (“Se requiere un cambio, hay que ser feliz, no pierdas la esperanza”, por ejemplo), palabras que en realidad implican procesos dinámicos muy complejos.

Construcciones: Son presupuestos o afirmaciones implícitas o explícitas sin las cuales un mensaje no tendría sentido, pero que están ligadas a las creencias y juicios (a menudo irracionales) sobre nosotros o sobre el mundo: “No puedo hacerlo” (¿quién te lo ha dicho, de dónde sacas eso?, sería la pregunta). “Es imposible” (¿quién dice, cómo lo sabes?). “Hacer eso no es bueno” (¿quién lo dijo, qué te hace creer eso?). Etcétera.

¡En fin, y ya para terminar, les deseo a todas y a todos un pletórico fin de semana, sea lo que sea que esta palabra quiera decir!

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