Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Hipólito

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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La famosa tragedia Hipólito de Eurípides, lleva el nombre del protagonista perdedor de la historia, el sabio y casto Hipólito, el olvidado, porque aunque evitó los placeres de la carne murió víctima de los apetitos ajenos, mientras que la figura más conocida es Fedra, la mujer que con su pasión trunca motivó la tragedia.

Eurípides es el más comprensible de los tres grandes trágicos griegos, por lo imaginativo e ingenioso, porque Sófocles se preocupó por la perfección de la forma, por la belleza y le preocupaba la voluntad del hombre, mientras Esquilo se fue más allá, buscando la grandeza de lo sublime, es poderoso como la tempestad, y sus obras hay que leerlas en voz alta. Eurípides es mucho más entretenido, y sus obras continúan frescas y sabrosas. Lo que sorprende hoy es cómo Hipólito prácticamente desapareció de la escena, porque no es común que se lo mencione, porque quizá la sociedad moderna, igual que la diosa Afrodita (la diosa griega del deseo y la reproducción) no admite ni admira a quien opta por la castidad voluntaria, mientras se interesa tanto por las mujeres que en el pasado morían por contener sus instintos, o por sentir aunque se hubieran contenido.

Fedra es la mujer de Teseo, el padre de Hipólito, a quien tuvo tuvo con una amazona en sus correrías de guerra y puso al cuidado del sabio Pitios. En los días de exilio voluntario de Teseo, mientras se purificaba por haber asesinado a los 50 palantidas, va al oráculo dejando a su esposa Fedra con los hijos, y es entonces cuando ella siente una atracción apasionada por Hipólito, quien ya de por sí evitaba el sexo y jamás se hubiera fijado en la mujer de su padre. Fedra sufre por lo que siente y se desespera, y comparte la angustia con su nodriza, quien actúa como una “alcahueta traidora” y para ayudarla con filtros mágicos termina contándole a Hipólito su necesidad. Hipólito promete no decir nada, aunque rabia ofendido, y Fedra presencia su cólera, y es tanta la vergüenza que se ahorca, aunque deja escrita una carta donde acusa a Hipólito de violación. Teseo cree a lo escrito sin vacilar, y manda al exilio y la muerte a su hijo, conduciendo su carro jalado por caballos. Moribundo Hipólito niega culpa y perdona al padre, quien comprende su error y la injusticia cometida. Lo que inquieta después de miles de años es entender por qué prevaleció Fedra sobre Hipólito en nuestro mundo moderno. ¿Será que Afrodita sigue mandando sobre Artemisa?

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