Jueves 17 DE Octubre DE 2019
La Columna

Trucos mentales I

follarismos

Fecha de publicación: 23-07-16
Por: Raúl de la Horra

En esta oportunidad mostraré algunos trucos mentales que utilizamos para sobrevivir o para protegernos dentro de lo que llamamos realidad, estrategias psicológicas que muestran no solo hasta qué punto las ilusiones forman parte esencial de nuestra existencia, sino cuán frágiles somos y cuán fácilmente nos engañamos a nosotros mismos. Es importante recalcar que para nuestros propósitos, lo que denominamos realidad no es tanto la realidad “en sí”, sino sobre todo las percepciones, esquemas, interpretaciones y modelos que construimos de ella y que varían según el punto de vista y las circunstancias en las que nos encontramos, y según las creencias y expectativas que condicionan nuestras percepciones.

La ceguera atencional es la capacidad de focalizar con tal intensidad la atención en un objeto, tema o problema, que el resto de elementos del conjunto dejan de existir, como si estuviéramos ciegos. Así, olvidamos o no tomamos en cuenta partes o aspectos de la realidad, tanto en lo formal como en lo contextual. A veces esa ceguera nos conviene o nos trae algún beneficio secundario y por eso la alimentamos inconscientemente, como haría una esposa que no quiere darse cuenta de que su marido ya no la ama, o un marido que es adicto al trabajo para escapar de una relación marital tortuosa.

La ceguera frente a los cambios es un mecanismo similar al anterior, pero no consiste en una invisibilización tan radical, porque lo que se nos escapa son las variaciones y transformaciones del mundo en el que estamos y que creemos conocido, al grado en que ya no reparamos en los cambios que han ido sucediéndose. Pienso en las mujeres que evolucionaron en sus necesidades y en su manera de ver el mundo, y que tienen que soportar a maridos que ni se han enterado, ni quieren enterarse.

Las invenciones de la memoria. La memoria no es una foto fija ni una grabación fidedigna de los hechos del pasado. Lo que recordamos es susceptible de cambiar en función de nuestra emotividad y de la focalización que hagamos de la atención, y conlleva cambios cuantitativos y cualitativos que suponen deformaciones, invenciones, reconstrucciones y olvidos. Es la razón por la que ni los gemelos idénticos tienen una percepción y un recuerdo iguales de su pasado y de su familia.

Ilusión del conocimiento. Consiste en creer que sabemos más de lo que realmente sabemos, y en algunos casos extremos puede conducirnos a situaciones paranoicas en las que construimos teorías definitivas a partir de percepciones no del todo fundadas que asumimos como ciertas. Claro que todos estos mecanismos que menciono no se expresan solamente en el plano personal y familiar, sino sobre todo, en el plano social y político. La ilusión del conocimiento es una ilusión super-frecuente entre nosotros, y es tanto más intensa, contra más ignorantes y acomplejados somos. Es un mecanismo cuya raíz radica en esta otra trampa:

Confusión entre correlación y causalidad. Consiste en confundir proximidad con causa, o sucesión con causa, o simultaneidad con causa, haciendo que encontremos explicaciones de causa a efecto en situaciones, hechos y personas próximas, o en sucesión, o en simultaneidad, que no necesariamente tienen que ver en el sentido en que nos lo habíamos imaginado.

Ilusión de la confianza. Sucede cuando uno experimenta una exagerada confianza en las propias capacidades, pero sobre todo en la estabilidad y en la perdurabilidad de las situaciones en las que uno anda metido. Es una ilusión muy vinculada a la siguiente: La ilusión del potencial. Consiste en creer que somos más capaces, fuertes o dotados de lo que somos, y muestra la dificultad que tenemos para reconocer nuestras fallas y límites. La pedantería y la fanfarronería suelen ser las actitudes extremas que denuncian este funcionamiento mental peligroso, y el narcisismo es su expresión más acabada y enferma. Generalmente estas personas no escuchan ni se interesan seriamente por los demás, porque están obnubiladas por su propio ombligo.

Espero que la exposición de estas trampas conduzca a reflexiones intensas, pero sobre todo inquietantes y productivas.