Martes 13 DE Noviembre DE 2018
La Columna

La sombra del héroe (4)

buscando a syd

— Maurice Echeverría
Más noticias que te pueden interesar

Hemos normativizado el desprecio y el ostracismo. De esta rabia acolmillada –con hilillo de sangre en la mejilla, mezclada con el color celeste y sublime de la patria– nadie dice nada. De lo resentidos y retrecheros que somos los chapines, que condenan, no una sino tres veces, nadie expresa cosa alguna. Ni modo: eso no se ve bien en el pic ciudadano, en la selfie histórica…

Eso puede recibir el nombre de negación. Si no veo en mí lo que estoy atacando –y aún proyecto mis propias contradicciones y distorsiones en el orden social– la cosa se puede poner muy delicada: lo único que aporto al ambiente colectivo es pegajosidad, confusión y desdén. Si yo lucho contra los demonios afuera de mí y no lucho contra esos mismos demonios dentro, entonces estoy practicando una doble, una fariseica moral.

(Por ejemplo, si soy un medio o institución que pido transparencia, pero yo mismo no soy transparente con la manera cómo recibo y gestiono la información o recursos, hay algo ahí que no rima.)

Pero luchar es un concepto a revisar: en el nivel más inteligente, no es cuestión de luchar con nuestros aspectos demónicos, sino de trabajar con ellos, para transformarlos e integrarlos.

Rehabilitar el Estado roto –y a quienes lo rompieron– es mil veces más avanzado y compasivo que alimentar la imagen de un Estado–Fénix. Eso de refundar el Estado (como si el Estado fuera una estructura de legos) es retórica de oportunistas y rupturistas por igual. Los oportunistas que andan buscando nuevos escenarios para establecer viejos patrones de conducta; y los rupturistas, que andan tras un Estado corre–y–va–de–nuevo, porque así no tienen que conversar, de veras conversar, con modalidades incómodas del ayer, que prefieren sepultar, aún cuando esas modalidades son el propio strata cultural sobre el cual su propio panorama descansa, guste o no.

No está bien visto decir que el pasado fue una condición evolutiva determinante para el cambio que hoy estamos viendo. Pero de hecho es exactamente el caso. Es por lo mismo que el pasado no es algo que puede encerrarse en un arcón.

Se requiere ir, no solo del pasado al futuro, sino también del futuro al pasado. Injusto juzgar a navaja las estructuras pretéritas con nuestras reglas, ambientes y herramientas discursivas actuales. Mañana nosotros mismos seremos juzgados por hacer cosas que hoy, no solo son culturalmente legitimadas, sino aplaudidas por el sistema. Y en ese sentido, me gustaría que los habitantes del futuro tengan alguna clase de consideración con nuestras limitaciones de consciencia presentes.

No hablo (¿pero es necesario aclararlo?) de indultar el pasado sino de darle el mayor contexto posible, y de comprenderlo en términos de evolución cultural, evitando, además del prejuicio, el postjuicio.

¿Qué hay del juicio a secas? Por supuesto, encontrar culpables es bueno –porque los hay, son muchos– pero sepan que no será suficiente con colmar las cárceles de culpables. En la culpabilización a ultranza dosis masivas de responsabilidad se extravían. Y sin embargo no hay nada que no sea nuestra responsabilidad.

Incluso los culpables son nuestra responsabilidad. Dicho de otro modo: un Estado sano es uno que se hace responsable de sus demonios, pero ya no dentro de una lógica binodal, nosotros–versus–ellos, lógica que invoca agresión, murmuro y polaridad, sino más bien como expresión completamente inclusiva, en el espacio y tiempo estatales.

Etiquetas: