Domingo 16 DE Junio DE 2019
La Columna

La Feria del Libro de La Antigua Guatemala

Lado b

Fecha de publicación: 21-06-16
Por: Luis Aceituno

Algunos amigos me comentaron disgustados que la Feria del Libro de La Antigua Guatemala dejará de realizarse este año en la Plaza Central. Disposiciones de la alcaldesa y del concejo municipal me dicen, a causa de no sé qué historia de remodelaciones, expulsarán de su sitio tradicional -y de un lugar simbólico por muchas razones para su celebración- a una de las manifestaciones más coherentes con la vocación ilustrada de la ciudad colonial. La feria hace parte de las fiestas de Santiago Apóstol que se llevan a cabo durante el mes de julio. Que la cultura letrada tenga un espacio importante dentro de estos festejos, debería de ser casi una declaración de principios por parte de las autoridades ediles.

En la actualidad, La Antigua Guatemala se ha hecho famosa en medio mundo por sus bares, sus fiestas privadas, sus invitaciones al desenfreno y por las substancias ilícitas que circulan de mano en mano. Una cantina gigantesca abierta a los turistas nacionales y extranjeros. De acuerdo, también es el marco decorativo ideal para bodas, banquetes y anuncios publicitarios. Que Bernal Díaz del Castillo haya escrito ahí La historia verdadera de la conquista de la Nueva España, que Luis Cardoza y Aragón y César Brañas hayan nacido en la ciudad y escrito varias de sus mejores páginas en homenaje a ella, la verdad, a quién diablos le importa en estos tiempos de corrupción, pachanga y beneficios económicos a costa de cualquier cosa.

La Feria del Libro de Antigua fue fundada por don Rogelio Porras Miranda, un hombre probo, dedicado toda su vida a la educación, vecino y catedrático mío en la secundaria, y una de las primeras personas que me mostraron la importancia de la Historia universal. Corrían los aciagos años 80 y, en una explícita declaración de guerra, los soldados habían ocupado con sus tanquetas y sus armas y sus barricadas la ciudad. Ganar espacio para la cultura, el conocimiento, la educación, los libros, poner en relevancia la vocación ilustrada y pacífica de la localidad, ganarle territorio a la barbarie, en suma, era de una importancia vital y un acto digno de todos mis respetos. El parque, la plaza central, es uno de los lugares más representativos de Antigua, punto de encuentro de sus habitantes, pero también de todo tipo de culturas, lenguas, diálogos… Todo lo que pasa en La Antigua, pasa en el parque. Que  además circulen libros e ideas  enriquece la parte luminosa y rescatable de una de las ciudades que ostentan el título de “patrimonio cultural de la humanidad”.

Le tengo a la Feria del Libro de Antigua un cariño especial. Está organizada en la actualidad por la Asociación de Libreros Departamentales, gente que sostuvo la cultura letrada en la época más oscura de la historia nacional, guardianes de la memoria que me ayudaron a sobrevivir en tiempos de absoluta sequía cultural. Fue, además, un verdadero honor para mí que me hayan dedicado esta feria en el año 2014, por ellos, por don Rogelio, porque La Antigua es mi ciudad, porque siempre han enriquecido mis lecturas, porque me gusta estar en el parque y pasearme entre libros y encontrarme de seguro alguna rareza escondida. Porque dignifican un espacio, en donde siempre nos hemos encontrado todos.