Sábado 23 DE Febrero DE 2019
La Columna

Basura

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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1. La basura de una persona es la muerte de otra. La semana pasada, varias personas murieron soterradas en una avalancha de residuos, en el llamado relleno sanitario.

Al escribir esto, contemplo el basurero enano que está a la par de mi escritorio, ahora clínicamente vacío. Que esté vacío no quiere decir que yo no genere basura, por supuesto. Quiere decir que tengo una manera muy conveniente de deshacerme de mi propia inmundicia, de mis propias acumulaciones y excedencias. Como la gran mayoría, me deshago raudamente de la basura, poniéndola, como se dice, debajo de la alfombra.

Es decir en el basurero de la zona 3. 

2. Como otros, soy pródigo en echarle la culpa a la Municipalidad. Es una de las tantas convenientes maneras que tenemos los urbanitas de circunvalar el hecho de que esa basura es, de hecho, nuestra basura.

Con eso de la basura, la usual indignación y el usual choteo antigobierno no terminan de funcionar. No estoy diciendo que no haya que exigir resultados y transformaciones de fondo a las instituciones del caso. Pero si no estoy dispuesto a modificar mis hábitos íntimos, y extraerme pues de mi zona de confort, entonces alegar de esta forma solo constituye otro hit, para mis Grandes Éxitos Fariseos.

3. Por supuesto, funciona igual a la inversa.

Nos damos cuenta que los pequeños esfuerzos personales o comunitarios encallan si no hay una infraestructura, un marco jurídico y una economía que pueda absorberlos.

Y por economía quiero decir economía clara, porque el sistema de basura actual es un negocio turbio que beneficia a un montón de personas, desde las estructuras de guajeros (que son menos inocentes de lo que se piensa, y a quienes también hay que pedir responsabilidad) hasta el último cuadro municipal, pasando por los extractores, que tienen cooptado el negocio.

4. En mi casa utilizo dos basureros grandes, uno para los desechos orgánicos y otro para los no orgánicos. Es un acto de fe: en términos reales ignoro si este esfuerzo es terminante, si esto que separo va a terminar revuelto de todos modos en la zona 3. A lo mejor le va a hacer más fácil la vida a algún guajero, que sonreirá antes de terminar aplastado por un alud de
polución.

5. No se puede poner unos basureros de reciclaje y esperar que, de pronto, todos los involucrados sean de la noche a la mañana ecológicamente conscientes. Todo eso debe venir acompañado de una educación.

6. Un dron nos revela desde el aire el relleno sanitario de la zona 3. ¿Cómo gestionar toda esa basura? A veces siento cierta empatía por el sistema, tan varado en sí mismo. Entiendo que hay condiciones objetivas cristalizadas, que no pueden moldearse como si fueran Play–Doh. Pero de otra parte también reconozco el profundo derecho que tenemos a exigir al sistema –y a sus representantes– mayor creatividad en
prácticas y procesos.

7. En cierto modo, todos vamos a morir soterrados por nuestra propia basura. La humanidad toda terminará hundida debajo de esa foca cósmica de residuos. Solo los Dioses Zopes nos sobrevivirán.

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