Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Trabajar

lucha libre

— Lucía Escobar
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Era uno de mis primeros trabajos, entrevistaba a chavitos de sexto grado primaria de la Sierra Madre. Pregunté sí podrían nombrarme algunos de los Derechos del Niño. Y este niño, que pertenecía a una ex CPR, Comunidad de Población en Resistencia, me contestó: tenemos derecho a trabajar.  Me quedé muda y no supe qué decir.  Nunca olvidé esa respuesta.

En mi trabajo como periodista he visto y escuchado muchas historias de injusticia y de horror, pero son más las de lucha y esperanza. Y aunque ser periodista no es un trabajo bien remunerado económicamente, me ha dado otras satisfacciones espirituales que compensan las carencias laborales.

Trabajar nos da dignidad, nos ayuda a encontrar nuestro lugar en el mundo y enriquece nuestras vidas. Trabajar en lo que nos gusta es una bendición. Trabajar es la mejor terapia contra la depresión y la tristeza. Trabajar es el mecanismo natural con el que  llenamos nuestras necesidades básicas en este mundo. Trabajar es un derecho humano y no debería de ser un asunto de niños y niñas.

Sin embargo, según la OIT, Organización Internacional del Trabajo, en Guatemala existen 800  mil niños y niñas trabajadoras. Y según el PENNAR son aproximadamente 1 millón 500 mil.  Seguramente son más.

Desde 1889, el primero de mayo se conmemora el Día Internacional del Trabajo. Más de un siglo de lucha por la dignidad laboral y aún falta mucho por lograr.  Millones de trabajadores en todo el mundo se encuentran desamparados ante la ley y a merced de despiadados patrones.

La crisis del desempleo ha hecho que muchas personas tengan que aceptar trabajos pésimamente mal pagados. La voracidad empresarial piensa poco en sus empleados y los Estados se ponen del lado de los patronos y no de la gente (aló sueldo mínimo diferenciado). Aunque eso quieran hacernos creer, en una relación de trabajo no es el patrono quien le hace un favor a su empleado dándole trabajo; es un intercambio de beneficios que debería ser más justo.

Por ejemplo, los basureros, los guajeros, los recolectores hacen un trabajo importantísimo. Imagínese por un segundo que le cobraran el servicio de recolección de basura en relación al peso, al nivel de contaminación que genera, y a los años que tardan sus desperdicios en desaparecer del planeta.  ¡O imagínese que no existiera quién recogiera su basura y limpiara su mugre!

Todos los trabajos son dignos. No es justo que gente trabajadora muera en condiciones tan terribles como las ocurridas hace una semana en el vertedero del Relleno Sanitario de la zona 3 capitalina. Cuatro fallecidos, 15 heridos y 26 desaparecidos durante un alud de desechos. Eso no debería suceder. Estas personas hacen una gran labor a la sociedad, hacen lo que nosotros no hacemos: recolectan, separan, reusan, reciclan. Es su trabajo y no es justo que mueran por hacerlo. La Municipalidad Capitalina a cargo de Alvaro Arzú es completamente responsable de esos trágicos hechos. Podrá zafarse legalmente pero no moralmente.

Hay que trabajar sí, pero no así.

@liberalucha

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