Martes 19 DE Febrero DE 2019
La Columna

Remedios mágicos

Ayer

— María Elena Schlesinger
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Las antiguas boticas o farmacias de Guatemala no solo preparaban las pociones recetadas por los facultativos locales en sus cuartos de trabajo, generalmente localizados en la trastienda, sino que también ponían a la disposición de su “amable clientela” una variedad de medicamentos, esencias, grageas, pomadas, ungüentos y reconstituyentes traídos de ultramar.

Los que gozaban de mayor prestigio provenían de Francia, capital de las ciencias médicas, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, países que en los albores del nuevo siglo comenzaron las investigaciones científicas de los grandes males que agobian a la humanidad como la tuberculosis y la viruela.

Estos primeros medicamentos comerciales eran presentados a la clientela como remedios maravillosos, casi mágicos, por sus amplios poderes curativos, capaces, en una sola toma o tratamiento, mitigar diversidad de padecimientos tan disímiles como la calentura y la picazón, muy publicitados en los diarios, pero en realidad, muy poco efectivos en la mayoría de los casos.

Los viejos periódicos de época guardan en sus páginas los anuncios de aquellos medicamentos, presentaciones que en estos días nos producen asombro por la multiplicidad de sus ofrecimientos y hasta risa.

Por ejemplo, el Cordial de Cerebrina Ultric era recetado para combatir la debilidad sexual. Su publicidad decía, “una enfermedad soportada en silencio, sus causas pueden ser inocentes”. El Cordial de Cerebrina aseguraba ayudar a “fortificar los nervios, los músculos y el cerebro”. También ayudaba a combatir la debilidad nerviosa, física, la incapacidad cerebral, la depresión, parálisis, pérdidas seminales, enflaquecimiento, menstruaciones difíciles y palpitaciones. “Apropiado para hombres y mujeres”, tratamientos que aseguraban vivir siempre sano y feliz.

Muchos de estos brebajes o pastillas iban acompañados por testimonios de enfermos, los que contribuían a que el medicamento ganara confianza y credibilidad entre sus consumidores.

Otro medicamento maravilloso de entonces era el Compuesto Mitchello, especialmente elaborado para las mujeres que temen a la maternidad. “Especial para el alivio de las penas de las mujeres”, instrucciones que nunca eran suficientemente claras o expresas por la discreción o la hipocritez que se vivía entonces.

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