Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
La Columna

El Cigala, tradición gitana

MondoSonoro

— Jorge Sierra
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Es curioso el público que puede convocar Diego el Cigala en Guatemala. Un público que en su mayoría seguro ni de gratis se quedaría sentado escuchando hora y media a cantaores como Niña Pastori o a Enrique Morente. No, porque no tienen lo que el madrileño sí tiene y es ese repertorio. Un repertorio que abarca boleros, tangos y baladas románticas, como lo demostró el pasado miércoles 27, en la gran sala del Teatro Nacional, cuando el gitano se acompañó exclusivamente de su pianista Jaime Calabuch.

El concierto estaba asegurado. De las 16 canciones quizá solo dos pertenecen al clásico flamenco, el resto conocidas: Te quiero (Nino Bravo), Concavo y convexo, Amigo (Roberto Carlos), 20 años (Pablo Milanés), Inolvidable (Julio Gutiérrez), su pequeño popurrí de Armando Manzanero (Te extraño, Te adoro), Vida loca (Francisco Céspedes), Vete de mi (Virgilio Expósito) y una que arrancó aplausos inesperado fue, no por popular sino por su letra, Corazón loco (Antonio Machin). Obvio, son palos a los que pocos cantaores acuden.

Quizá algunos esperaban a El Cigala con grupo, pero esta vez se optó por un concierto más económico: piano y voz. Se puede ver como más económico por costos de producción o se puede ver como un concierto más minimalista y en cierta forma intimista donde ya no existe barrera entre el artista y el público, es decir, cual estuviese en horas nocturnas en un pequeño bar, lo que asegura una atmósfera más cercana.

Por supuesto, hay riesgos en esta situación que aparenta ser atractiva. Uno, que el público se aburra de escuchar los mismos timbres o que el pianista, como pudo darse en este caso, sea incapaz de llenar los posibles espacios vacíos. Y eso produce decepción. Por eso los mismos músicos tienen que estar bien preparados para evitar eso, y en ese sentido Calabuch quizá no es un virtuoso, pero mostró buen ejercicio de acompañante, tenía que esperar, tenía que estar atento al tempo. A veces por supuesto, se adelantaba pero no pasó a más. Mientras El Cigala, de voz poderosa, lo respalda el pueblo gitano porque esos melismas, ese fraseo, el compás, los tempos pertenecen a su tradición. Y es que el drama y pasión que le salen al cantar nacen en el caldo de cultivo de la marginación y un estilo de vida libérrimo. Seguro la mayoría salió satisfecho.

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