Viernes 21 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Everybody’s gone to The Rapture

AT-Field

— Juan D. Oquendo
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En los años ochenta Stephen, un científico británico regresa a su pueblo natal en el área rural de Inglaterra con su esposa, otra científica de EE. UU. llamada Kate. Ambos estudian desde el observatorio una serie de patrones en las estrellas. Al amplificar una de las señales, una luz desciende al valle de Yaughton y todo empieza a cambiar: los pájaros son los primeros en morir. Luego otros animales. Y finalmente los humanos, quienes son “contagiados” y desaparecen. Kate decide quedarse en el observatorio para continuar estudiando el fenómeno y Stephen sale por temor a que “la luz” acabe con toda la humanidad.

Desarrollado durante tres años, Everybody’s gone to The Rapture es quizás uno de los nuevos paradigmas en los video-juegos de la actual generación de consolas. O no tan nuevo quizá, sino más bien una idea que se ha venido concretando desde Zork en los setenta. Los ingleses de The Chinese Room junto con Santa Monica Estudio de Sony lanzaron para el PS4 este título que cae en la categoría de “primera persona”. La idea es que el jugador explore un espacio, Yaughton, en el que todo ya pasó.

¿Entonces qué hace uno? Pues se comporta como un observador pasivo que recorre las calles, casas y edificios del pueblo mientras es guiado por un orbe de luz, que en ciertos puntos adquiere formas humanas que sostienen diálogos entre sí. Al principio es un dolor de cabeza porque no hay ningún contexto establecido, sino que conforme se avanza el jugador va comprendiendo qué sucedió desde seis personajes principales. De esta forma, The Rapture cuenta dos historias a la vez: el suceso en que todos desaparecieron, y las relaciones de los habitantes: romances, traiciones, muertes semanas, meses y años antes del evento ¿apocalíptico?

Todo esto a través de un recorrido que visualmente deslumbra y que aprovecha al máximo los motores gráficos del PS4. La tensión no se basa en ir de un punto a otro o completar misiones o sobrevivir, sino en (re)conocer a los personajes bajo un aura rural donde el sol, el cielo, las estrellas, los ruidos del bosque o el viento entre el trigo nos acompañan. Y descubrir que el fin del mundo solo es ese regreso a la nada que todos pasamos al morir, pero que en ese único momento de vida, “esa danza en un rayo de luz, podemos encontrar lo que nos falta. El amor que nos hace un todo”. Hágase el favor de descargar el juego (no existe en versión física), compre unos audífonos buenos y dese una inmersión en uno de los mejores títulos del momento.

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