Martes 25 DE Septiembre DE 2018
La Columna

Franz Galich

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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Por el Día del Libro he pensando en las obras nacionales frescas, las que deberían de regresar de vez en cuando, para que el autor fallecido no muera de veras. Una de ellas es Managua, Salsa City de Franz Galich, quien aprendió a nadar entre las algas del lago de Amatitlán, y de adulto se las ingenió para sobrevivir en la Managuardiente de Sandino. La novela es considerada como una de las mejores de la posguerra nicaragüense.  Galich sufrió pesadumbres en el país que le brindó asilo. Vivió en carne propia el racionamiento, y aún recuerdo la vez cuando lo encontré una madrugada haciendo cola frente a un supermercado, cansado pero feliz, dispuesto a no perderse el derecho a una barra de jabón y otras menudencias. De eso hace ya una treintena de años. Escribió su pequeña gran novela, ganadora del Premio Rogelio Sinán en Panamá. Lleva múltiples ediciones y es una referencia de la novela de la violencia y la noche, en una ciudad que se levantó despúes del terremoto y de Somoza ante las puertas del mismo infierno, en la cual dejó constancia del desastre, donde los ángeles son niños “piderreales” en los semáforos, reina la prostitución, el ladronismo y la corrupción. En Managua Salsa City se vive el instante, los personajes buscan placer inmediato, como Pancho Rana, excombatiente y guardián de una casa que, aprovechando un viaje de los propietarios, decide disfrutar la vida a su antojo. Se bebe todo lo que encuentra, vende todo lo que puede, hurta el auto y sale de cacería. En la juerga se topa con la Guajira, una ratera aliada a tres bandidos que operan desde un taxi para atracar a los ingenuos. La pareja se arma en medio del desenfreno, beben, consumen drogas, hacen el amor en cualquier cuartucho, urgidos por la brevedad de la vida. Pancho Rana se hace pasar por rico aunque está dispuesto a contarle a ella, al día siguiente, toda la verdad, pero no puede porque los persiguen los maleantes en dos autos, en uno de los cuales van un antiguo combatiente sandinista  y uno de la contra, como grandes “broders”.  En un momento crucial, Pancho Rana le pregunta a la Guajira qué hizo durante la época de la guerra, y ella no comprende a qué guerra se refiere su amante, porque lo pasado, ya pasó. Lo único que vale es el presente, el dinero y el placer. El mañana está en la cola de un venado. Si algún provecho debiéramos de sacar de los aniversarios, es recordar a los grandes autores muertos. Galich está por llegar a la primera década desde su partida, y releer su obra justifica el trabajo de su vida.

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