Sábado 15 DE Junio DE 2019
La Columna

Hedor

buscando a syd

Fecha de publicación: 21-04-16
Por: Maurice Echeverría

Los cambios trascendentales no vendrán de un colectivo abstracto. Vendrán de un puñado de individuos con talentos especiales para la arquitectura social y el efecto de cambio. Por supuesto, cuando me refiero a “un puñado de individuos con talentos especiales para la arquitectura social y el efecto de cambio” no estoy hablando de esos caraduras, los diputados.

Por mi parte no tengo ningún problema con insultar una y otra vez a esa recua de carteristas. Es cierto que a un nivel individual no todos los diputados merecen ser llamados así. Pero luego a un nivel gremial los mal llamados Padres de la Patria merecen cada gramo de ostracismo que han recibido por parte de la ciudadanía despabilada, que preferiría ser designada Bastarda antes que legitimar una representación política que solo ha traído vergüenza y carroña a la vida nacional. Hay que ver el hedor que emana de esa cofradía de cainitas.

La política del país se ha parlamentarizado lo indecible. En este caso, hablamos de una parlamentarización negativa, ilegible, experta de un lado en romper las continuidades estatales, en vez de cohesionarlas; y experta por el otro en eternizar la agenda legislativa como ganancia política y reditual. Que los focos más recientes de indignación provengan del hemiciclo no ha de extrañarnos. Para mientras la gente enferma sufre en los pasillos enfermos de un hospital enfermo. Nada sana, en este país.

No es que seamos los únicos en vivir este flagelo: en casi cualquier punto del planeta encontraremos focos de infección congresil y senatorial. Si aquí por ejemplo son los desplantes verbales de este o aquel diputado, en España son los privilegios de aforamiento y en Brasil las cábalas plenarias, en donde la democracia es asesinada por un grupo de pactistas, más interesados en la politiquería subterráquea y ofídica que en una agenda real de rendición de cuentas, que por supuesto debe darse.

El asunto de Brasil es particularmente bochornoso: esa atmósfera fársica, circense, tercermundista, ignorante, provincial, que hubiera puesto a don Jorge Amado de bastante mal humor. Un artículo publicado en El País el lunes (“Dios tumba a la presidencia del Brasil”) lo decía así: “Los parlamentarios recordaban a los telespectadores de Xuxa, que aprovechaban su participación en directo en el programa para saludar eternamente a su madre, a su marido, a su amante, al primo, al nieto, a su vecino, a sus amigos y al portero”.

Es la infantilización de la política. Los hemiciclos han perdido toda gravedad y profundidad a favor de un programa tetón de demagogia y espectáculo, encubriendo el cabildeo más vulgar.

 La política es una señorita muy disputada por la trampa, el populismo y la burocracia. No contentos con tener que soportar los procedimientos oblicuos que atestan el intercambio privado, tenemos que soportar ese mismo tinglado de maniobras y bricolajes dudosos en la esfera parlamentaria. Para que después tengamos que aguantar los sermones vacíos y bromas idiotas del Presidente y encima atestiguar cómo se criogenizan nuestras aspiraciones profundas de justicia.

Está de la gran puta.