Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
La Columna

“Flipper”

La Telenovela

— Ana María Rodas
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La primera vez que Sofía se fue con el grupo me quedé inquieta. La salida era hacia las diez de la noche, y un montón de muchachos iban en un bus hacia Tikal. O tal vez no iban a ese sitio específico, pero a mí me pareció que no era la hora adecuada para lanzarse a esos caminos que, en este país, no son de Dios precisamente.

La madre y el padre de Sofía, cada cual por su lado, trataron de calmar mis alterados nervios. Me hicieron recordar que mis hijas y yo salíamos solas en un automóvil los fines de semana y recorrimos, así, casi toda Guatemala.

Pero era otro tiempo pensé yo, mientras daba vueltas en la cama esperando un sueño que no llegaba. Finalmente el agobio pudo más y me dormí. Al poco tiempo de despertar, Sofía estaba enviándome unas fotografías deliciosas del campo guatemalteco y me tranquilicé.

Las excursiones siguieron y me fui acostumbrando a ellas, esperando siempre las fotos que llegaban mostrando montañas, ríos, saltos de agua. Volví a congelarme cuando me di cuenta de que Sofía había bajado una catarata grande, retorcida y peligrosa, haciendo rappel, pero justamente en la cascada. Eso es suficientemente peligroso porque la fuerza del agua puede romper las cuerdas, y la persona que debe sujetarte arriba no solo tiene que ser fuerte sino poseer un buen entrenamiento y capacidades especiales.

Después de eso conocí a “Flipper”. En realidad no se llama así, sino Javier.

En estos momentos Javier se encuentra inconsciente en la sección intensiva de un hospital. Dos noches atrás, apenas pasada la media noche, salió de casa de su madre. Eso quería decir que justamente empezaba el día de su cumpleaños. Iba en moto y nunca sabremos qué sucedió. Hacia las tres de la mañana llegaron a casa por Sofía para ir al hospital.

En meses, muchos meses pasados, Sofía y “Flipper” subieron montañas y volcanes, atravesaron ríos, nadaron en los lagos más conocidos y los menos conocidos del país, llegaron a lugares ignorados por mí y por mucha gente. Se metieron a explorar cuevas secas o con corrientes de agua que las atravesaban.

Y a mí me parecía bien porque habiendo conocido a “Flipper” me di cuenta de cuánto se amaban, cuán fuerte era Javier y confiaba en que con lo razonable que era, no permitiría que le sucediera nada malo a Sofía.

Así subieron más de 20 volcanes dispersos por todo el país y se metieron en los cenotes de Candelaria y Río Azul, y recorrieron los Cuchumatanes, las playas blancas del Caribe guatemalteco y las negras del Pacífico. Bajaron o subieron las cataratas de La Rinconada, de Chilascó, y tomaron fotos de los cerditos en la laguna La Magdalena.

En estos momentos, viernes por la tarde, dos días después del accidente escribo en medio de un chorro espantoso de lágrimas. Los médicos dicen no con un movimiento de cabeza, y “Flipper”, si sueña, estará en la cumbre de un volcán, o nadando en las cálidas aguas de las lagunas que hay por el Pacífico.

No quiero ver a Sofía porque en este estado no le serviría de consuelo. Ahora está en la casa y sus amigas más queridas han venido a verla, para acompañarla en este trance brutal.

Pienso en la mamá del novio de mi nieta. Lloro más.

En algún momento ella tendrá que tomar alguna decisión de esas que no le deseo a nadie. O la propia naturaleza dirá hasta aquí llegamos.

Y “Flipper” subirá más alto que el más alto volcán que escaló en su vida, y brillará con una luz similar a las de las estrellas que vio, tendido sobre la hierba, en parajes donde, no habiendo alumbrado artificial cercano, el cielo era verdaderamente una fiesta.

A lo mejor en este instante, mientras ustedes leen este lamento, estamos reunidos en el salón de algún lugar de esos donde las flores se ven hermosas al llegar y luego van poniéndose mustias y todos estamos vestidos de negro y lloramos en silencio.

No lo sé. Solo sé que temo ese momento. Que la ocasión nos haría infinitamente desventurados.

Estos, amigos, son los días en que uno espera un milagro. Y cree en los milagros contra todas las señales que afuera nos dicen sin piedad que los tiempos de los milagros ya pasaron. Que Sofía guarda unos recuerdos maravillosos para siempre y que desde algún lugar del Universo, “Flipper” la observa con amor desmedido.

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