Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Mad Max: Fury Road

AT-Field

— Juan D. Oquendo
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Desde que salió la secuela de George Miller de ese mundo postapocalíptico no tuve ganas de verla. La pasé de largo a pesar de comentarios de amigos tipo “está pasada”, “tenés que ir a verla”… Un día de tantos terminé montado en un avión, en un vuelo de nueve horas, y repasando la lista de películas que estaban pasando estaba Mad Max: Fury Road. Así que me dije “¿por qué no?”. Las dos horas exactas que dura la cinta estuve prendido a la pequeña pantalla, distraído de la turbulencia de afuera por la turbulencia de la cámara. Para cuando entregaron los premios de la Academia, no me quedó otra que reconocer asintiendo y en silencio las seis estatuillas que se llevó: edición, vestuario, maquillaje, mezcla de sonido, edición de sonido y producción.

En ese mundo gobernado por la estupidez ante la falta de recursos como el agua, está Max Rockatansky, un expolicía que en el pasado (Mad Max de 1980) no pudo salvar a su esposa e hija, recuerdo que lo persigue por siempre pero que le hace sudar la dosis de compasión necesaria en el momento preciso. A pesar de ser el protagonista de los carteles y más, el personaje central es en realidad Imperator Furiosa, una líder del ejército de Inmortan Joe.

La cinta comienza cuando Furiosa, interpretada por Charlize Theron, decide rescatar un harén de mujeres de Joe, quien las tiene encerradas con el único fin de concebir hijos. El resto de la cinta es un viaje de A hacia B, donde son perseguidas por un grupo de fanáticos adoradores de Joe. Pero uno de esos fanáticos lleva a Max atado en la “proa” del carro –todos diseñados por Colin Gibson, ganador del Oscar– hasta que este se escapa y termina ayudando a Furiosa en su misión.

Mad Max: Fury Road es sumamente veloz y estridente, claro, con esos paisajes de un ‘western’ casi zombie. Y con un ahorro del lenguaje espectacular: el guion apenas tiene palabras, y se vale más de los rostros, gestos y ruidos corporales de los actores, aumentando esa sensación desértica de la imagen. Pero más allá de  eso, la cinta también se trata no solo del medioambiente sino de un paralelismo entre el mal uso de recursos, el autoritarismo y el patriarcado. El grupo de mujeres que comienza por mostrarse solo como esos cuerpos deseables termina por convertirse en un conjunto de insurgentes que destronan a Inmortan Joe y su reinado.

joquendo@elperiodico.com.gt

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