Domingo 24 DE Marzo DE 2019
La Columna

Regina visceral

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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Ahora me quiero enfocar en la poesía de Regina Galindo, dado que ha publicado un nuevo libro, llamado Telarañas (2015). Antes de ese ya había publicado otro, Personal e Intransmisible (2000).

Puede decirse que hay una continuidad entre las dos obras, en el sentido de que ambas buscan publicar –hacer pública– la intimidad. Lo que me viene es un verso de Alejandra Pizarnik, a quien Regina sé que ha leído: “He desplegado mi orfandad / sobre la mesa, como un mapa”. Todo ese ímpetu íntimo y personal salva a Regina de cualquier feminismo programático. Y sin embargo es obvio que es una mujer quien aquí irrevocablemente escribe.

De Personal e Intransmisible recuerdo un cierto ambiente mortuorio, sangriento y lúbrico, con muchos fluidos y una sensibilidad ennegrecida. Regina se desnuda en la palabra como en el performance. Allí están sus crisis y allí está ella, complicada, trágica, ciclotímica. Desnudarse y sacar trapitos es parte de su estilo, en una suerte de vulnerabilidad rabiosa, en donde impudor e inocencia quedan amarradas. Siendo una vulnerabilidad hasta cándida, es bastante poderosa. Y muy teatral. La desnudez como escenificación: un sello de su obra artística toda. Y ahí está el efectismo del sexo y la sangre, eso sangriento, secrecional y clitóreo, un malditismo ocurrente, poético, explícito y vaginal. Regina lastimada, ulcerada en el desprecio, y en el autodesprecio. Escupida y autoescupida.

Telarañas recopila poemas desde 1999 hasta 2014 –o sea quince años de poemas. Esta obra demuestra acaso que para ella lo verbal sigue teniendo importancia, como lo sigue teniendo lo corpóreo. Por cierto veo ahí una relación: el cuerpo de Regina está hecho de conceptualidad y lenguaje, y su lenguaje está hecho de cuerpo y fisiología. Que el lenguaje sea tan orgánico le salva de la retórica de la Poesía con mayúscula, aunque también es cierto que algo de retórica bien podría haberle beneficiado los versos. Otra cosa que vimos en este libro, como lo vimos en el anterior, fue un gran ardor emocional, que contrasta con la neutralidad y ecuanimidad casi quirúrgica de su obra perfomática (emocionalidad presente, en otro sentido, en sus opiniones e indignaciones ciudadanas).

¿Me interesa la poesía de Regina Galindo? Digamos que me interesa como parte de un contexto mayor: el de su obra y personalidad toda. Lo que más aprecio de sus versos es su visceralidad: algo valioso en esta época de emojis y emociones blanqueadas. En esa visceralidad se nota que es una poeta oscurita de mi generación (1974). Cardoza dijo que escribir es sacarse las tripas y hacer una hoguera con ellas. En el cuerpecito de Regina hay unas tripas vivas y bravas que, cuando arden, iluminan toda la noche.

El día de hoy se llevará a cabo una presentación de Telarañas, con Vanessa Núñez, Simón Pedroza y la propia Regina Galindo. En la Biblioteca Nacional de Guatemala Luis Cardoza y Aragón (5a. avenida 7-26, zona 1, Centro Histórico), a las 18:00 horas. Entrada libre.

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