Viernes 7 DE Agosto DE 2020
La Columna

Aylin

EL BOBO DE LA CAJA

Fecha de publicación: 04-03-16
Por: Andrés Zepeda > lacajaboba@gmail.com

Era gerente de una empresa que vendía cursos de éxito, comunicación eficaz y esas cosas. No se le notaba muy realizado que digamos (tampoco la empresa). Así lo conocí, y nos caímos bien. De eso hace veinte años.

Me llegó su calidad humana, el alcance de sus reflexiones, aquel modo taciturno; la congoja palpable tras su esquivo mirar. Al cabo del tiempo renunció. Había sido un respetadísimo gnóstico, estudiado cine, también astrología; hizo taichí, indagó qué dicen los sueños… buscaba algo más. Hasta que dio con la música electrónica. Después de tanto vaivén, su afición por fin pegaba centro.

Una amiga común me insinuó: “¿No lo ves medio raro? Para mí que es hueco”. Yo lo veía más bien como asexuado. Lejos estaba de imaginar el calvario que padecía desde que tuvo memoria. Hasta que, años después, se sinceró conmigo. No podía más.

Nació –dijo– “con el cuerpo equivocado”. Era, literalmente, una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. Vibraba con la sensibilidad de una niña… pero su sexo era masculino y, claro, la metieron en un colegio para varones. Relató el bullying que sufrió en la primaria, el suplicio que fue asimilar de un ramalazo el torrente (en su caso, deformante) de hormonas y cambios que trae consigo la pubertad.

Foto: Meg Wills, bajo licencia de Creative Commons.

Foto: Meg Wills, bajo licencia de Creative Commons.

Rastreando y rastreando, constató lo que ya sabía: lo suyo era real, no estaba loca, no eran inventos. Es algo biológico, no psíquico –disforia de género, así lo define la ciencia médica.

Juntó plata, se operó y, encarando ya plenamente su feminidad, se fue a vivir a la Antigua. Lo más engorroso fue conseguir papeles con los cuales salir como tal del país en busca de una ciudad, de una cultura, de una legislación menos hostil. Mientras tanto, conoció a una chava y se hicieron novias.

Ambas residen ya en Buenos Aires. Bloquearon contacto conmigo. Hay temas que son demasiado sensibles.