Jueves 22 DE Noviembre DE 2018
La Columna

Digital

buscando a syd

— Maurice Echeverría
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En relación a los medios puramente digitales, hemos visto cómo han vivido su dosis de problemas. Algunos –quijotescos, sofisticados, ricos en idealismo y heroísmo mediáticos– no han sabido aterrizar del todo en un nivel digamos práctico. Tienen limitaciones de plata pues no han encontrado formas duraderas de monetización. El voluntariado, el crowdfunding y el mecenazgo imponen un repertorio de obstáculos. Sin dinero, es áspero eso de crear estructuras de salario dignas y muy difícil eso de pagar a los colaboradores. Al principio puede que todo sea playa y sol. Pero luego brotan las inconsistencias. La calidad se torna –en el mejor de los casos– sino-soidal, la regularidad porosa, la lealtad muy trémula. Sucede a veces que el medio trae a su nómina a colaboradores que tienen una agenda editorial propia. El problema es que el medio no les puede decir mayor cosa y si les dice algo, optan por irse a la mierda (donde no hay un cheque, desertar es de lo más sencillo). Luego ocurre con esta clase de medios que, como no pueden crear un contenedor periodístico real, crean un periodismo de personalidades, lo cual a menudo es un problema. ¿Qué pasa cuando estas personalidades ya no funcionan, o se van? Entonces ponen a gatos y los disfrazan de productores relevantes de contenidos.

Hemos visto medios cuyo pecado es que son demasiado puros: no quieren, por no sacrificar la liberté, entrar en el juego de la política, la negociación editorial y las gredas del marketing. Esta vocación por lo impoluto los salva en cierto modo pero a la vez los ahoga. Sin contar que es una inocencia que con los años pierde su glamour ante el lector promedio. O se montan a otra cosa, o quedarán bonsái. Los bonsáis son bonitos, pero no son secoyas. El campo de energía de una secoya es tremendo.

En el extremo opuesto, están los medios digitales que son completamente burdos y complacientes, que están amarrados a la agenda de lo banal, que dependen completamente de la lógica del anunciante. La superficialidad y la falta de seriedad que presentan no tiene límites. Manufacturan notas que están hechas con el culo, en donde no hay arte de ninguna clase, que deberían ser vergüenza a quienes las formulan. Si algo está asesinando al medio periodístico digital es la nota de celeridad y de impacto fácil, así como la hiperamigabilidad en formato y contenido. En términos de periodismo cultural, que es el que yo practico, es simplemente horroroso constatar cómo la cultura ha sido convertida en embutidos digitales de chismorreo cultural. Periodismo barato de llamarada de tusa. Y para ponerse a llorar. Uno puede ser un medio liviano, pero incluso esa liviandad tiene que ser totalmente seria, artística y estudiada. No se puede nunca olvidar que toda esta imaginería informacional que ponemos allá afuera dicta la manera en que los seres humanos surgimos en nuestro ambiente.

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