Martes 19 DE Febrero DE 2019
La Columna

Colección Guatemala

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides
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El fugaz gobierno del presidente Alejandro Maldonado arrancó un extraordinario proyecto de edición de la literatura nacional. La ministra de Cultura de entonces, nuestra querida amiga Ana María Rodas, encomendó al poeta Enrique Noriega, amante de los libros y editor natural, el proyecto de iniciar la Colección Guatemala (que hasta evoca la ilustre Revista de Guatemala que dirigió Luis Cardoza y Aragón en los años de la Revolución guatemalteca), y que en este caso solo llegó a cuatro números, como meses tuvo en funciones el gobernante.

Los libros son pequeñas joyas para los amantes de la literatura, porque abarca con antologías a variedad de autores. El primer número es una antología individual de Luis Cardoza y Aragón, nuestro poeta y ensayista nostálgico del desarraigo: “Y sin partir de fue. Y sin volver / volvió. Libre como nunca en su cárcel”. La introducción es de Luis Eduardo Rivera. La edición fina, digna, con un sobreforro rojo interior que pone detalle y cuidado a la poesía que atesora.

El segundo número es una antología de la poesía guatemalteca, con introducción de Aída Toledo. Es el tomo más ambicioso, y con un detalle importante, de cada autor se seleccionó varios poemas, para que quien lee pueda hacerse una buena idea de cada seleccionado. Hay autores consagrados, otros contemporáneos y los novísimos.

El tercer volumen es una antología de los escritos políticos de Antonio José de Irisarri, publicados originalmente en Chile en 1934, y rescatados para el conocimiento de los lectores nacionales. Contiene un prólogo de Ricardo Donoso.

Y, para finalizar, se publicó la Antología del Cuento Guatemalteco del Siglo XX, proyecto en el cual me tocó participar junto a un grupo de amigos, quienes nos propusimos elaborar una lista de opciones que estalló como el fuego, porque todos proponíamos diferentes. La experiencia habrá significado un dolor para el editor que concilió, pero así queda demostrado cuan variables son las preferencias y los criterios de los lectores. Lo que resultó al final es una combinación sana, y el prologuista, Dante Liano, se preocupó por dejar contancia de algunas de las ausencias. Este libro, como los otros tres, será seguramente de mucha ayuda para los estudiosos de la literatura nacional.

Cuatro libros finamente elaborados, editados e impresos, que dejan huella, quedando como prueba del buen proyecto cultural del Gobierno pasajero de transición, que se enfocó trepidante en el rescate de nuestra literatura, publicada con decoro y dignidad.

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