Sábado 20 DE Abril DE 2019
La Columna

El gran Rubén

Viaje al centro de los libros

— Méndez Vides

La casa donde nació Rubén Darío en Metapa, hoy Ciudad Darío, está abierta al público. Es una casita sencilla en medio de un desierto caluroso o zona árida, donde se aprecia el cuarto dispuesto tal y como era en los tiempos de niño del poeta. Una vez hice el recorrido con gran expectación, y valió la pena. En cinco minutos queda visto todo, y uno se asombra de cómo pudo salir de aquel rincón del mundo un autor que iluminó todo el ámbito de nuestro idioma. En la Catedral están enterrados sus restos, debajo de un león de mármol que duerme como el poeta.

Darío inventó Nicaragua, porque así es el asunto, la literatura crea identidad, aunque en nuestros pequeños países las autoridades no crean en su poder, ni lo promuevan, ni falta nos haga. El genio no necesita tecomates para nadar. Prueba de ello es Darío que nació en medio de la nada, y que hoy es homenajeado en múltiples países donde compartimos lengua, en memoria del primer centenario de su partida.

El actual momento es propicio para regresar a la lectura de la biografía La dramática vida de Rubén Darío, de Edelberto Torres y publicada originalmente en nuestro país por la Editorial del Ministerio de Educación Pública en 1952, en los años de la Revolución guatemalteca. Nueva edición circuló recientemente. La lectura de la vida de Darío es una novela extraordinaria, donde ya no importa si el autor es real o producto de la invención, porque encanta.

Y, por supuesto, están sus propias memorias, y su obra misma, que es lo que importa. Pero no basta con leer sus poemas triviales y cortesanos, que se declamaban en las clausuras de colegio o el Día de la Madre en el pasado, sino los profundos, descarnados, universales, como la primera estrofa de Lo fatal: “dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura porque esa ya no siente, / pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, / ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.

Y para quienes quieran conocer el pensamiento crítico de Darío, recomiendo que lean Parisiana, de reciente publicación nicaragüense en copia facsimilar. Esta obra resume sus artículos de prensa, donde reclamaba que “No crea belleza y elegancia todo el que quiere”. Darío arremete contra las obras menores, de principios del siglo XX, atestados de seriedad o ridiculez, mientras promovía “lo deleitoso del soñar” en América Latina.

mendezvides@itelgua.com

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