Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
La Columna

The Hateful Eight

AT-Field

— Juan D. Oquendo
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En medio de una tormenta, una serie de personajes terriblemente humanos terminan por encontrarse en una tienda a punto de ser soterrada por la nieve. Sin quererlo todos entretejen sus destinos conforme se van conociendo, ocultando, mintiendo y contando las más locas historias de un Estados Unidos que recién acaba de salir de la guerra civil. Y por supuesto, todos armados.

Aunque al principio The Hateful Eight –estreno de la semana– iba a ser una secuela de Django Unchained, Tarantino decidió que mejor no, que siempre sí era un wéstern inspirado en series sesenteras como Bonanza, con una característica: en vez de haber buenos y malos, el director quitó de la ecuación a los primeros y dejó a los más odiosos consigo mismos a la espera de ver qué se podía desarrollar.

A pesar de que en la cinta hay esos paisajes del wéstern, la mayoría del filme se desarrolla dentro de la cabaña. A ella llegan con la tormenta sobre la espalda dos cazarrecompensas, el suspicaz Marquies Warren (Samuel L. Jackson) y el legendario John Ruth (Kurt Russell), quien transporta a Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) hacia Red Rock para que la cuelguen bajo el cargo de asesinato. En el camino se topan con Chris Mannix (Walton Goggins), un exconfederado que va hacia el mismo pueblo a que lo nombren sheriff. Ya en la tienda de Minnie están el exgeneral confederado Sanford Smithers (Bruce Dern); Joe Gage (Michael Madsen), un vaquero taciturno que va a visitar a su madre; el extravagante verdugo Oswaldo Mobray (Tim Roth); y Bob (Demián Bichir), un mexicano que trabaja en el lugar.

En ese mapa de personajes Tarantino comienza a trazar una investigación a lo Agatha Christie donde todos luchan por sobrevivir, una característica que ha dominado a las cintas nominadas al Oscar (The Revenant, por ejemplo) esta temporada que no deja de carecer de cierto sabor. La olla de presión comienza a bullir lentamente conforme todos empiezan a notar que algo no cuadra. Es en ese punto que el lente de Tarantino pasa de esos paisajes hacia los retratos en la búsqueda de un tic que delate a uno de los ocho mientras los demás se alían o enemistan. The Hateful Eight es una película que narrativamente lo lleva a uno de la mano al clímax de forma deliciosa, donde los actores dejan una gran impresión exceptuando por mucho a Madsen. Indispensable verla, con un final que pudo ser otra cosa muy diferente.

joquendo@elperiodico.com.gt

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