Martes 23 DE Julio DE 2019
La Columna

Lectura nacional (3)

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 19-01-16
Por: Méndez Vides

Continúo comentando al respecto de la obra literaria cumbre de nuestro país, no sin antes aclarar, en correción a lo vertido en esta columna la semana anterior, que por información recibida directamente de Miguel Ángel Asturias Amado, hijo de nuestro Premio Nobel, de Literatura: “Cuento con un archivo de su obra y objetos personales muy importantes, que es de mi interés que algún día estén en Guatemala. Nunca he vendido nada a ningún país oriental”. Las bolas me llegaron desviadas. Sí tiene el archivo que mencionábamos, y no se ha vendido, ojalá nuestro Gobierno lo adquiera para hacer el museo nacional de nuestro autor. Ya hay uno privado en La Antigua, pero eso no asegura su permanencia. Creo que la ciudad de Guatemala debería rendir honor a su autor cumbre, marcar la ruta urbana de sus personajes, ilustrar las esquinas con el relato, y abrir en La Parroquia un museo con los documentos y objetos que permitan mantener viva la memoria de nuestro escritor.

Pero continuamos con los tres grandes que falta mencionar. Luis Cardoza y Aragón fue el gran maestro, poeta y ensayista. Los intersados en conocer su obra deben aproximarse a El río, novelas de caballería, grueso volumen donde el autor acumuló lo mejor de todas su etapas. Es memoria, es justicia, es fascinación. Nuestro escritor eligió México para aproximarse a la patria sin regresar. Se marchó a París muy joven y volvió para quedarse cerca, pero nunca lo suficiente como para descubrir que el mundo de su memoria había cambiado. La Antigua de Cardoza y Aragón es la de su infancia, que sigue encontrándose en la realidad, pero a la cual él no pudo regresar porque la infancia es magia pero también un laberinto de torturas. Una obra extraordinaria.

En México también maduró en el exilio el ingenioso Tito Monterroso, clásico desde la actualidad, porque fue lector de Quevedo y Montaigne. Sus fábulas, cuentos, relatos y experiementos tienen una profunda agudeza. Su lectura es una fiesta. El escritor creía que en su tierra no lo leíamos, pero un día vino a descubrir que no era cierto. Vino anciano y gozó el aplauso de la patria. Ya partió, pero nos dejó sus libros. Recomiendo leer sus Obras completas y otros cuentos, su primer libro, con un título irónico daba la brevedad de su aporte. No puede faltar. Y dejo para la próxima semana a Luis de Lión. El autor que murió prácticamente inédito, y cuya obra crece y crece como la espuma.