Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
La Columna

“Habemus president”

follarismos

— Raúl de la Horra
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Bueno, parece que desde ayer –agárrense bien, porque lo diré en lenguaje anaftalinado–, ‘¡habemus president!’ Y es que considero que la naftalina es el olor que mejor refleja –además de los habituales aromas a incienso, sangre y pólvora, que han sido generosamente regados por las calles de nuestra historia– lo que somos como cultura y como sociedad, pues tanto nuestras estructuras económicas como nuestras instituciones quedaron adormecidas entre los siglos XVI y XIX, produciendo modelos mentales, hábitos de comportamiento, valores y creencias que han estado siempre, a pesar de los discursos y de las buenas intenciones, corroídas por la polilla.

No pude seguir el hilo del discurso presidencial de ayer, me fue imposible. No soporto ese tonito evangelista moralizante, comedido y solícito, que adorna el lenguaje sin decir gran cosa, que busca quedar bien con sirios y troyanos, que quiere mostrarse simpático y cargado de excelentes intenciones y con grandes objetivos, sin precisar ni cuáles, ni cómo, ni cuándo, y que invoca –para colmo–, la ayuda de milagros divinos. Era como escuchar a un pastorcito evangélico más, a uno de esos tantos pícaros que le hablan a una feligresía compuesta de incautos e idiotas. Es cierto que no fue un mensaje marcado por la retórica rimbombante y las fanfarrias usuales en estas circunstancias, este fue un discurso de bajo perfil, pero por lo mismo, con muy poca substancia.

Habrá de todos modos que ir a manifestarse otra vez a la Plaza simplemente para recordarle al nuevo Presidente –lo que él mismo calificó en su discurso como una expresión de madurez cívica, refiriéndose a las manifestaciones del año pasado– que seguimos allí y que continuaremos pendientes de lo que haga o deje de hacer, porque no estamos dispuestos a que nos den más atole con el dedo, aunque esto suele ser también, de parte del pueblo, o de las llamadas “masas”, una mera ilusión nada más, ya que en términos generales, en la historia del país, siempre nos han dado atole con el dedo aunque protestemos, y bueno, si no ha sido atole, pues nos han dado plomo muy duro, para decirlo elegantemente, el caso es que siempre nos han dado algo, aunque jamás para conveniencia nuestra, sino para conveniencia de las élites hegemónicas que por lo visto siguen siendo las mismas, vea usted qué cosa más curiosa, mire nomás, imagínese entonces cómo se presenta ahora el asunto.

Digamos que en un esfuerzo de magnanimidad o de idealismo y de candidez casi sobrenaturales  admito que este señor –vamos a llamarlo con cariño por su nombre, por qué no–, que Jimmy, sí tiene sanas intenciones, que de veras es un tipo con sensibilidad y que está dispuesto a utilizar su arte, su inteligencia, sus huevos, para romper con los esquemas mentales e institucionales que nos han puesto a la cabeza de los países más pura mierda del planeta. Entonces, si veo que se rodea de gente válida y confiable, que lucha con ahínco y coherencia para que al fin haya algo de justicia, seré el primero en ir a estrecharle la mano y a ofrecerle mil disculpas por mi maldito escepticismo.

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