Miércoles 22 DE Mayo DE 2019
La Columna

Matilde

EL BOBO DE LA CAJA

Fecha de publicación: 08-01-16
— Andrés Zepeda

Matilde es una afanosa cuarentona que se parte el lomo día a día trabajando para casas de ricos, la mayoría de los cuales la tratan de manera impersonal refiriéndose a ella como la muchacha.

Cobra más de lo que en promedio ganan sus colegas, y eso le ha permitido sacar adelante a dos hijos pese a que el padre de ellos ni siquiera aparece en actas. Igual, no nos engañemos: lo que recibe es una miseria. Cien quetzales por media jornada de lavar inodoros, desempolvar muebles, hacer camas, barrer, trapear pisos y cocinar –no necesariamente en ese orden.

A veces la media jornada se extiende hasta casi completar las ocho horas. Ella resiste con aplomo cristiano (la otra mejilla, el sacrificio para optar a la redención), sobrellevando el exceso como algo normal. No objeta, no se enfada, no hace pucheros. Sabe que muchas, si pudieran, le arrebatarían el puesto a mordidas.

Lleva su propio termo de café y su ración de pan dulce para sopear. Morena de por sí, bajo los ojos destacan unas bolsas negruzcas que delatan el cansancio acumulado por décadas. “Sólo un año más”, musita entre dientes, acostumbrada a contenerse. “Mi terrenito ya lo terminé de pagar. De mi casa ya nadie me mueve. Nomás se recibe mi hijo del instituto y me retiro a descansar”. Suspira, se seca la frente, se recompone el delantal y vuelve a su rutina.

Ella no entiende de salarios diferenciados, mucho menos de derechos laborales. Es ajena a las discusiones entre quienes se declaran a favor y quienes se oponen a dizque elevar la productividad del país a fuerza de sacar ventaja de los más necesitados.

Nada nuevo, más allá de hacer oficial y volver lícita una práctica tan frecuente como añeja.

lacajaboba@gmail.com